MI TIO ELADIO

Voy a referirme a él, ya que fue una de las personas que me vienen a la mente, en mis primeros recuerdos infantiles, sentado en una silla, en el patio, mirando hacia la calle con la puerta entreabierta, me imagimo que para entretenerse viendo pasar la gente, y ahí es donde se difumina su imagen de mi cerebro.
Más tarde me enteré, según me contaba mi abuelo, que era un buen hijo, bastante aplicado en la escuela, que le llamaban el Mosca, (porque a un maestro se le ocurrió llamarle mosquita muerta), me imagino que algo tendrá que ver con su carácter y personalidad, que fue músico en la banda de Los Hinojosos, que tocaba el fliscorno o fiscorno, que la dos acepciones tiene el dichoso instrumento, y el bombardino, aunque su verdadera pasión era tocar la trompeta, pero bien por que no tuviese aptitudes para ello o porque tenía los labios demasiado gruesos, (razón que me daba mi abuelo), la tocó pocas veces.
Que fue amigo de los hermanos mayores de los Marciales, (esto no es una orden religiosa, si no una familia bastante numerosa) Felipón, Vicente y del hijo de Vicente el de Antolín y prácticamente de todos los componentes de la banda de música, sobre todo de los de su edad.
A pesar de ser muy joven, (nunca me preocupe de averiguar si fue de la que llamaban la quinta del biberón) fue a la guerra civil, luchando en el bando contrario al de mi padre, en Zona Nacional, que anduvo por el frente de Teruel, y que según me contaba mi abuelo Nicolás, lo pasó bastante jodido, ya que con el hambre y el frío, la nieve y el agotamiento total, que pasó por los montes de Teruel, se quedó descolgado de su compañía, acurrucado entre unas rocas, esperando que le llegase la Parca.
Tuvo suerte ya, que a los dos días retrocedió su batallón o compañía, que a mi lo militar nunca me atrajo, y uno de sus compañeros y amigo, se acordó de donde se había quedado, encontrándolo aún con vida, pudiendo ser recuperado.
Inmediatamente después de pasar los tres años de guerra civil, fue incorporado a filas para cumplir el servicio militar obligatorio, en algún batallón que se llamaba de recuperación, o algo así, dedicándose a ir a los sitios donde se habían librado combates y recuperar todos los restos que por aquellos lugares habían quedado.
Cuando terminó el servicio militar, y volvió a su casa, ya venía con la terrible enfermedad de aquellos años, la tuberculosis o tisis, de ahí que os comentase que me acordaba de él sentado en el patio con la puerta entreabierta, y como consecuencia de la fatal enfermedad murió en plena juventud.
Siempre he tenido el vago recuerdo de verlo de cuerpo presente en su habitación, tendido en el suelo sobre alguna sábana, mientras alguna vecina, me mantenía en sus brazos.
Solo se, que a mi abuela, madre y tía, siempre las vi vestidas de negro.
Las cosas de mi tío, mi abuelo me las comentaba, cuando estábamos solos, nunca en presencia de mí abuela, mi madre o mi tía. Yo creo que lo hacia para no recordarles el fallecimiento de su hijo.
Creo que he metido la pata, que estoy narrando cosas muy tristes, hasta yo mismo me emociono.
Y no quiero, no quiero que si alguien lee esto, sienta tristeza, pues mi intención es que nos riamos, en la vida y de la vida, porque la muerte ya llegará a su tiempo.

Fuente: “Mis Recuerdos” Ed. H. de H. 1941 Cesáreo Fraile Izquierdo.

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