Archive for 8/10/08

BORRACHERA DE DINERO

octubre 8, 2008

PABLO PARDO, desde Washington
EL MUNDO.
Muy pocos predijeron la crisis. Todo empezó con una drástica bajada del precio
del dinero, que supuso una masiva inyección de liquidez en la economía
y una relajación del crédito. Éstas son las causas de una catástrofe gestada entre
bancos, inversores, tomadores de hipotecas, bancos centrales, aseguradoras y fondos.

Todo empezó en 2003, cuando el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, empezó a hablar del peligro de deflación, es decir, de una caída de los precios. Ése es uno de los fenómenos más peligrosos en una economía, porque si los precios caen, es que la gente no consume. Así que Greenspan, con la ayuda de uno de sus más cercanos asesores en la Fed, Ben Bernanke, promovió una drástica bajada del precio del dinero hasta el 1%. Eso supuso una masiva inyección de liquidez en la economía y una relajación del crédito. Greenspan, así, incumplió la que debe ser la primera obligación de un banco central, que es «llevarse el alcohol cuando la fiesta todavía no ha acabado», por utilizar la frase de William McChesney Martin, que dirigió la Fed en los años 50 y 60. El banco central inyectó más dinero de la cuenta en EEUU.Y el resultado fue una borrachera. Y de las grandes.

Con el exceso de liquidez, los bancos empezaron a conceder créditos inmobiliarios a más y más gente. ¿Por qué? Porque, con el precio del dinero oficial tan bajo, apenas les quedaba margen de beneficios en las cuentas y depósitos. La clave era crear hipotecas, en las que el cliente pagaba un interés, con lo que el banco obtenía un beneficio.

Al principio, los grandes bancos rechazaron entrar en ese juego, porque se estaban empezando a romper todas las normas de control de riesgos. Pero, ante los avances de la competencia, ellos también tuvieron que empezar a hacerlo. Así, en poco tiempo, se estaban concediendo ‘liars loans’ (‘créditos mentirosos’) a personas que no sólo no cumplían los requisitos necesarios para acceder a ellos, sino que estaban mintiendo sobre sus ingresos (frecuentemente, con el respaldo de los bancos). Greenspan animó, además, a que los estadounidenses tomaran hipotecas a renta variable, algo poco frecuente en EEUU.

A su vez, los bancos vendían esas hipotecas. En otras palabras: las transformaban en bonos y las colocaban en el mercado de renta fija. Con esa estrategia, en teoría, se diversificaba el riesgo. Y, para diversificarlo aún más, empezaron a mezclar diferentes tipos de hipotecas y de activos en un mismo bono. De esta manera, todos estaban contentos. El consumidor, porque accedía a hipotecas baratas, frecuentemente con un periodo de carencia de dos años hasta que los intereses empezaban a variar. El banco, porque tenía clientes y a su vez se deshacía de esas hipotecas, algunas de las cuales, evidentemente, iban a presentar problemas cuando la Reserva Federal subiera los tipos de interés. Los tenedores de bonos, porque tenían numerosos activos a su disposición que, además, podían asegurar sin problemas, porque las agencias de calificación de riesgos, que miden la solvencia de las emisiones, daban a esos títulos calificaciones excelentes.

Después, las cosas se complicaron. Los bancos aprovecharon para sacar de sus balances los bonos basados en hipotecas. ¿Cómo? Creando ‘conduits’ o vehículos especiales de inversión, que son entidades vinculadas al banco pero jurídicamente independientes de él. Esos ‘conduits’ compraban las hipotecas, con lo que éstas no estaban en el balance de los bancos. A su vez, los bancos empezaron a prestarse dinero unos a otros utilizando como garantía esos créditos hipotecarios. Y entraron los ‘hedge funds’, que son fondos que no están regulados, por lo que suelen correr riesgos mucho más grandes. Éstos también compraban y vendían bonos, y se endeudaban utilizando esos mismos bonos como garantía.

En esencia, eso fue lo que pasó. Todos estaban comprando, vendiendo y asegurando unos bonos muy peligrosos, y a su vez se estaban endeudando (frecuentemente para adquirir más bonos) usando esos bonos como garantía.

A partir de 2004, la Reserva Federal empezó a subir los tipos de interés. Pero lo hizo de una forma extremadamente gradual, con lo que la fiesta no terminó. Sólo a finales de 2006, la combinación de unos tipos más altos y el final del periodo de carencia en muchas hipotecas empezó a hacer mella en quienes habían contratados créditos ‘subprime’, es decir, de alto riesgo.

Y ahí fue cuando el castillo de naipes empezó a venirse abajo. Los primeros impagos cuestionaron la solvencia de todo el sistema. ¿por qué? Porque los bonos incorporaban hipotecas (y otros activos) de diverso tipo. Y nadie sabía si lo que había comprado valía algo o no. O si los bonos que su socio había utilizado como aval para pedirle un crédito tenían algún valor. La Reserva Federal y los demás bancos centrales occidentales respondieron inyectando más liquidez en la economía, con la esperanza de que, con más dinero en circulación, el mercado se desatascara. Pero el miedo era demasiado grande. Un miedo comprensible. Hasta la fecha, la crisis ha costado al sector financiero alrededor de 700.000 millones de euros en pérdidas. Y la factura final puede ser el doble, sobre todo a medida que los bancos europeos, que hasta ahora no han declarado lo que han caído sus activos, empiecen a admitir sus minusvalías.

Es así como hemos llegado a la actual situación, en la que se da lo que se llama una contracción del crédito. Nadie presta dinero a nadie porque nadie sabe si el otro es solvente. El pánico es tan grande que las entidades financieras han dejado de conceder créditos a las empresas que no están involucradas en estas operaciones y a los consumidores. Ahora, EEUU espera solventar la crisis haciendo que el Estado compre a las empresas financieras casi 500.000 millones de euros de esos bonos a los que ya se denomina «activos tóxicos». Y la UE está debatiendo una medida similar en Europa, con un costo de otros 300.000 millones. El problema es que esas actuaciones no solucionarán todo el problema. Y, además, puede que lleguen demasiado tarde para evitar una recesión mundial.

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BORRACHERA DE DINERO

octubre 8, 2008

PABLO PARDO, desde Washington
EL MUNDO.
Muy pocos predijeron la crisis. Todo empezó con una drástica bajada del precio
del dinero, que supuso una masiva inyección de liquidez en la economía
y una relajación del crédito. Éstas son las causas de una catástrofe gestada entre
bancos, inversores, tomadores de hipotecas, bancos centrales, aseguradoras y fondos.

Todo empezó en 2003, cuando el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, empezó a hablar del peligro de deflación, es decir, de una caída de los precios. Ése es uno de los fenómenos más peligrosos en una economía, porque si los precios caen, es que la gente no consume. Así que Greenspan, con la ayuda de uno de sus más cercanos asesores en la Fed, Ben Bernanke, promovió una drástica bajada del precio del dinero hasta el 1%. Eso supuso una masiva inyección de liquidez en la economía y una relajación del crédito. Greenspan, así, incumplió la que debe ser la primera obligación de un banco central, que es «llevarse el alcohol cuando la fiesta todavía no ha acabado», por utilizar la frase de William McChesney Martin, que dirigió la Fed en los años 50 y 60. El banco central inyectó más dinero de la cuenta en EEUU.Y el resultado fue una borrachera. Y de las grandes.

Con el exceso de liquidez, los bancos empezaron a conceder créditos inmobiliarios a más y más gente. ¿Por qué? Porque, con el precio del dinero oficial tan bajo, apenas les quedaba margen de beneficios en las cuentas y depósitos. La clave era crear hipotecas, en las que el cliente pagaba un interés, con lo que el banco obtenía un beneficio.

Al principio, los grandes bancos rechazaron entrar en ese juego, porque se estaban empezando a romper todas las normas de control de riesgos. Pero, ante los avances de la competencia, ellos también tuvieron que empezar a hacerlo. Así, en poco tiempo, se estaban concediendo ‘liars loans’ (‘créditos mentirosos’) a personas que no sólo no cumplían los requisitos necesarios para acceder a ellos, sino que estaban mintiendo sobre sus ingresos (frecuentemente, con el respaldo de los bancos). Greenspan animó, además, a que los estadounidenses tomaran hipotecas a renta variable, algo poco frecuente en EEUU.

A su vez, los bancos vendían esas hipotecas. En otras palabras: las transformaban en bonos y las colocaban en el mercado de renta fija. Con esa estrategia, en teoría, se diversificaba el riesgo. Y, para diversificarlo aún más, empezaron a mezclar diferentes tipos de hipotecas y de activos en un mismo bono. De esta manera, todos estaban contentos. El consumidor, porque accedía a hipotecas baratas, frecuentemente con un periodo de carencia de dos años hasta que los intereses empezaban a variar. El banco, porque tenía clientes y a su vez se deshacía de esas hipotecas, algunas de las cuales, evidentemente, iban a presentar problemas cuando la Reserva Federal subiera los tipos de interés. Los tenedores de bonos, porque tenían numerosos activos a su disposición que, además, podían asegurar sin problemas, porque las agencias de calificación de riesgos, que miden la solvencia de las emisiones, daban a esos títulos calificaciones excelentes.

Después, las cosas se complicaron. Los bancos aprovecharon para sacar de sus balances los bonos basados en hipotecas. ¿Cómo? Creando ‘conduits’ o vehículos especiales de inversión, que son entidades vinculadas al banco pero jurídicamente independientes de él. Esos ‘conduits’ compraban las hipotecas, con lo que éstas no estaban en el balance de los bancos. A su vez, los bancos empezaron a prestarse dinero unos a otros utilizando como garantía esos créditos hipotecarios. Y entraron los ‘hedge funds’, que son fondos que no están regulados, por lo que suelen correr riesgos mucho más grandes. Éstos también compraban y vendían bonos, y se endeudaban utilizando esos mismos bonos como garantía.

En esencia, eso fue lo que pasó. Todos estaban comprando, vendiendo y asegurando unos bonos muy peligrosos, y a su vez se estaban endeudando (frecuentemente para adquirir más bonos) usando esos bonos como garantía.

A partir de 2004, la Reserva Federal empezó a subir los tipos de interés. Pero lo hizo de una forma extremadamente gradual, con lo que la fiesta no terminó. Sólo a finales de 2006, la combinación de unos tipos más altos y el final del periodo de carencia en muchas hipotecas empezó a hacer mella en quienes habían contratados créditos ‘subprime’, es decir, de alto riesgo.

Y ahí fue cuando el castillo de naipes empezó a venirse abajo. Los primeros impagos cuestionaron la solvencia de todo el sistema. ¿por qué? Porque los bonos incorporaban hipotecas (y otros activos) de diverso tipo. Y nadie sabía si lo que había comprado valía algo o no. O si los bonos que su socio había utilizado como aval para pedirle un crédito tenían algún valor. La Reserva Federal y los demás bancos centrales occidentales respondieron inyectando más liquidez en la economía, con la esperanza de que, con más dinero en circulación, el mercado se desatascara. Pero el miedo era demasiado grande. Un miedo comprensible. Hasta la fecha, la crisis ha costado al sector financiero alrededor de 700.000 millones de euros en pérdidas. Y la factura final puede ser el doble, sobre todo a medida que los bancos europeos, que hasta ahora no han declarado lo que han caído sus activos, empiecen a admitir sus minusvalías.

Es así como hemos llegado a la actual situación, en la que se da lo que se llama una contracción del crédito. Nadie presta dinero a nadie porque nadie sabe si el otro es solvente. El pánico es tan grande que las entidades financieras han dejado de conceder créditos a las empresas que no están involucradas en estas operaciones y a los consumidores. Ahora, EEUU espera solventar la crisis haciendo que el Estado compre a las empresas financieras casi 500.000 millones de euros de esos bonos a los que ya se denomina «activos tóxicos». Y la UE está debatiendo una medida similar en Europa, con un costo de otros 300.000 millones. El problema es que esas actuaciones no solucionarán todo el problema. Y, además, puede que lleguen demasiado tarde para evitar una recesión mundial.

BORRACHERA DE DINERO

octubre 8, 2008

PABLO PARDO, desde Washington
EL MUNDO.
Muy pocos predijeron la crisis. Todo empezó con una drástica bajada del precio
del dinero, que supuso una masiva inyección de liquidez en la economía
y una relajación del crédito. Éstas son las causas de una catástrofe gestada entre
bancos, inversores, tomadores de hipotecas, bancos centrales, aseguradoras y fondos.

Todo empezó en 2003, cuando el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, empezó a hablar del peligro de deflación, es decir, de una caída de los precios. Ése es uno de los fenómenos más peligrosos en una economía, porque si los precios caen, es que la gente no consume. Así que Greenspan, con la ayuda de uno de sus más cercanos asesores en la Fed, Ben Bernanke, promovió una drástica bajada del precio del dinero hasta el 1%. Eso supuso una masiva inyección de liquidez en la economía y una relajación del crédito. Greenspan, así, incumplió la que debe ser la primera obligación de un banco central, que es «llevarse el alcohol cuando la fiesta todavía no ha acabado», por utilizar la frase de William McChesney Martin, que dirigió la Fed en los años 50 y 60. El banco central inyectó más dinero de la cuenta en EEUU.Y el resultado fue una borrachera. Y de las grandes.

Con el exceso de liquidez, los bancos empezaron a conceder créditos inmobiliarios a más y más gente. ¿Por qué? Porque, con el precio del dinero oficial tan bajo, apenas les quedaba margen de beneficios en las cuentas y depósitos. La clave era crear hipotecas, en las que el cliente pagaba un interés, con lo que el banco obtenía un beneficio.

Al principio, los grandes bancos rechazaron entrar en ese juego, porque se estaban empezando a romper todas las normas de control de riesgos. Pero, ante los avances de la competencia, ellos también tuvieron que empezar a hacerlo. Así, en poco tiempo, se estaban concediendo ‘liars loans’ (‘créditos mentirosos’) a personas que no sólo no cumplían los requisitos necesarios para acceder a ellos, sino que estaban mintiendo sobre sus ingresos (frecuentemente, con el respaldo de los bancos). Greenspan animó, además, a que los estadounidenses tomaran hipotecas a renta variable, algo poco frecuente en EEUU.

A su vez, los bancos vendían esas hipotecas. En otras palabras: las transformaban en bonos y las colocaban en el mercado de renta fija. Con esa estrategia, en teoría, se diversificaba el riesgo. Y, para diversificarlo aún más, empezaron a mezclar diferentes tipos de hipotecas y de activos en un mismo bono. De esta manera, todos estaban contentos. El consumidor, porque accedía a hipotecas baratas, frecuentemente con un periodo de carencia de dos años hasta que los intereses empezaban a variar. El banco, porque tenía clientes y a su vez se deshacía de esas hipotecas, algunas de las cuales, evidentemente, iban a presentar problemas cuando la Reserva Federal subiera los tipos de interés. Los tenedores de bonos, porque tenían numerosos activos a su disposición que, además, podían asegurar sin problemas, porque las agencias de calificación de riesgos, que miden la solvencia de las emisiones, daban a esos títulos calificaciones excelentes.

Después, las cosas se complicaron. Los bancos aprovecharon para sacar de sus balances los bonos basados en hipotecas. ¿Cómo? Creando ‘conduits’ o vehículos especiales de inversión, que son entidades vinculadas al banco pero jurídicamente independientes de él. Esos ‘conduits’ compraban las hipotecas, con lo que éstas no estaban en el balance de los bancos. A su vez, los bancos empezaron a prestarse dinero unos a otros utilizando como garantía esos créditos hipotecarios. Y entraron los ‘hedge funds’, que son fondos que no están regulados, por lo que suelen correr riesgos mucho más grandes. Éstos también compraban y vendían bonos, y se endeudaban utilizando esos mismos bonos como garantía.

En esencia, eso fue lo que pasó. Todos estaban comprando, vendiendo y asegurando unos bonos muy peligrosos, y a su vez se estaban endeudando (frecuentemente para adquirir más bonos) usando esos bonos como garantía.

A partir de 2004, la Reserva Federal empezó a subir los tipos de interés. Pero lo hizo de una forma extremadamente gradual, con lo que la fiesta no terminó. Sólo a finales de 2006, la combinación de unos tipos más altos y el final del periodo de carencia en muchas hipotecas empezó a hacer mella en quienes habían contratados créditos ‘subprime’, es decir, de alto riesgo.

Y ahí fue cuando el castillo de naipes empezó a venirse abajo. Los primeros impagos cuestionaron la solvencia de todo el sistema. ¿por qué? Porque los bonos incorporaban hipotecas (y otros activos) de diverso tipo. Y nadie sabía si lo que había comprado valía algo o no. O si los bonos que su socio había utilizado como aval para pedirle un crédito tenían algún valor. La Reserva Federal y los demás bancos centrales occidentales respondieron inyectando más liquidez en la economía, con la esperanza de que, con más dinero en circulación, el mercado se desatascara. Pero el miedo era demasiado grande. Un miedo comprensible. Hasta la fecha, la crisis ha costado al sector financiero alrededor de 700.000 millones de euros en pérdidas. Y la factura final puede ser el doble, sobre todo a medida que los bancos europeos, que hasta ahora no han declarado lo que han caído sus activos, empiecen a admitir sus minusvalías.

Es así como hemos llegado a la actual situación, en la que se da lo que se llama una contracción del crédito. Nadie presta dinero a nadie porque nadie sabe si el otro es solvente. El pánico es tan grande que las entidades financieras han dejado de conceder créditos a las empresas que no están involucradas en estas operaciones y a los consumidores. Ahora, EEUU espera solventar la crisis haciendo que el Estado compre a las empresas financieras casi 500.000 millones de euros de esos bonos a los que ya se denomina «activos tóxicos». Y la UE está debatiendo una medida similar en Europa, con un costo de otros 300.000 millones. El problema es que esas actuaciones no solucionarán todo el problema. Y, además, puede que lleguen demasiado tarde para evitar una recesión mundial.

BORRACHERA DE DINERO

octubre 8, 2008

PABLO PARDO, desde Washington
EL MUNDO.
Muy pocos predijeron la crisis. Todo empezó con una drástica bajada del precio
del dinero, que supuso una masiva inyección de liquidez en la economía
y una relajación del crédito. Éstas son las causas de una catástrofe gestada entre
bancos, inversores, tomadores de hipotecas, bancos centrales, aseguradoras y fondos.

Todo empezó en 2003, cuando el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, empezó a hablar del peligro de deflación, es decir, de una caída de los precios. Ése es uno de los fenómenos más peligrosos en una economía, porque si los precios caen, es que la gente no consume. Así que Greenspan, con la ayuda de uno de sus más cercanos asesores en la Fed, Ben Bernanke, promovió una drástica bajada del precio del dinero hasta el 1%. Eso supuso una masiva inyección de liquidez en la economía y una relajación del crédito. Greenspan, así, incumplió la que debe ser la primera obligación de un banco central, que es «llevarse el alcohol cuando la fiesta todavía no ha acabado», por utilizar la frase de William McChesney Martin, que dirigió la Fed en los años 50 y 60. El banco central inyectó más dinero de la cuenta en EEUU.Y el resultado fue una borrachera. Y de las grandes.

Con el exceso de liquidez, los bancos empezaron a conceder créditos inmobiliarios a más y más gente. ¿Por qué? Porque, con el precio del dinero oficial tan bajo, apenas les quedaba margen de beneficios en las cuentas y depósitos. La clave era crear hipotecas, en las que el cliente pagaba un interés, con lo que el banco obtenía un beneficio.

Al principio, los grandes bancos rechazaron entrar en ese juego, porque se estaban empezando a romper todas las normas de control de riesgos. Pero, ante los avances de la competencia, ellos también tuvieron que empezar a hacerlo. Así, en poco tiempo, se estaban concediendo ‘liars loans’ (‘créditos mentirosos’) a personas que no sólo no cumplían los requisitos necesarios para acceder a ellos, sino que estaban mintiendo sobre sus ingresos (frecuentemente, con el respaldo de los bancos). Greenspan animó, además, a que los estadounidenses tomaran hipotecas a renta variable, algo poco frecuente en EEUU.

A su vez, los bancos vendían esas hipotecas. En otras palabras: las transformaban en bonos y las colocaban en el mercado de renta fija. Con esa estrategia, en teoría, se diversificaba el riesgo. Y, para diversificarlo aún más, empezaron a mezclar diferentes tipos de hipotecas y de activos en un mismo bono. De esta manera, todos estaban contentos. El consumidor, porque accedía a hipotecas baratas, frecuentemente con un periodo de carencia de dos años hasta que los intereses empezaban a variar. El banco, porque tenía clientes y a su vez se deshacía de esas hipotecas, algunas de las cuales, evidentemente, iban a presentar problemas cuando la Reserva Federal subiera los tipos de interés. Los tenedores de bonos, porque tenían numerosos activos a su disposición que, además, podían asegurar sin problemas, porque las agencias de calificación de riesgos, que miden la solvencia de las emisiones, daban a esos títulos calificaciones excelentes.

Después, las cosas se complicaron. Los bancos aprovecharon para sacar de sus balances los bonos basados en hipotecas. ¿Cómo? Creando ‘conduits’ o vehículos especiales de inversión, que son entidades vinculadas al banco pero jurídicamente independientes de él. Esos ‘conduits’ compraban las hipotecas, con lo que éstas no estaban en el balance de los bancos. A su vez, los bancos empezaron a prestarse dinero unos a otros utilizando como garantía esos créditos hipotecarios. Y entraron los ‘hedge funds’, que son fondos que no están regulados, por lo que suelen correr riesgos mucho más grandes. Éstos también compraban y vendían bonos, y se endeudaban utilizando esos mismos bonos como garantía.

En esencia, eso fue lo que pasó. Todos estaban comprando, vendiendo y asegurando unos bonos muy peligrosos, y a su vez se estaban endeudando (frecuentemente para adquirir más bonos) usando esos bonos como garantía.

A partir de 2004, la Reserva Federal empezó a subir los tipos de interés. Pero lo hizo de una forma extremadamente gradual, con lo que la fiesta no terminó. Sólo a finales de 2006, la combinación de unos tipos más altos y el final del periodo de carencia en muchas hipotecas empezó a hacer mella en quienes habían contratados créditos ‘subprime’, es decir, de alto riesgo.

Y ahí fue cuando el castillo de naipes empezó a venirse abajo. Los primeros impagos cuestionaron la solvencia de todo el sistema. ¿por qué? Porque los bonos incorporaban hipotecas (y otros activos) de diverso tipo. Y nadie sabía si lo que había comprado valía algo o no. O si los bonos que su socio había utilizado como aval para pedirle un crédito tenían algún valor. La Reserva Federal y los demás bancos centrales occidentales respondieron inyectando más liquidez en la economía, con la esperanza de que, con más dinero en circulación, el mercado se desatascara. Pero el miedo era demasiado grande. Un miedo comprensible. Hasta la fecha, la crisis ha costado al sector financiero alrededor de 700.000 millones de euros en pérdidas. Y la factura final puede ser el doble, sobre todo a medida que los bancos europeos, que hasta ahora no han declarado lo que han caído sus activos, empiecen a admitir sus minusvalías.

Es así como hemos llegado a la actual situación, en la que se da lo que se llama una contracción del crédito. Nadie presta dinero a nadie porque nadie sabe si el otro es solvente. El pánico es tan grande que las entidades financieras han dejado de conceder créditos a las empresas que no están involucradas en estas operaciones y a los consumidores. Ahora, EEUU espera solventar la crisis haciendo que el Estado compre a las empresas financieras casi 500.000 millones de euros de esos bonos a los que ya se denomina «activos tóxicos». Y la UE está debatiendo una medida similar en Europa, con un costo de otros 300.000 millones. El problema es que esas actuaciones no solucionarán todo el problema. Y, además, puede que lleguen demasiado tarde para evitar una recesión mundial.

LO DIJO OBAMA

octubre 8, 2008

Obama, claro vencedor del segundo debate
“No entiendo cómo invadimos un país que no tenía nada que ver con el 11-S”
A un mes de las elecciones, los aspirantes a la Casa Blanca, Barack Obama y John McCain, volvieron a medir fuerzas en un debate televisivo. Y aunque se preveía que el republicano McCain, teórico perdedor del último encuentro y en desventaja según las encuestas, saliera a embestir a su oponente, anoche en Nashville –ciudad donde se celebró el careo- no consiguió convencer a la audiencia. Un Obama, más calmado y cómodo que su rival, reforzó su candidatura y los sondeos así lo reflejan. Como era de esperar, gran parte de los discursos del republicano y el demócrata se centraron en las políticas económicas para paliar la crisis, un aspecto en el que ambos intentaron mostrarse como los más competentes para reflotar al país epicentro de la debacle financiera. Donde más roce hubo, sin embargo, fue en política internacional. El demócrata arremetió contra el conservador duramente por la guerra de Irak. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”, lamentó.
Anoche a las siete y media, la Universidad de Belmont, ubicada en Nashville (Tenesse) concentraba la atención del mundo. Obama y McCain se veían las caras por segunda vez en la campaña electoral, a un mes de las elecciones y con las encuestas decantándose por el primero. El encuentro, además, se celebraba pocos días después de que los vicepresidentes hicieran lo propio, con una clara victoria para el compañero de fórmula de Obama, John Biden.
Obama vence y convence
McCain debía salir a matar para convencer a la audiencia y dar la vuelta a las encuestas, pero no lo logró. Según las encuestas de CNN, su oponente le aventaja por un porcentaje de 54%-30%. También dan la victoria a Obama los sondeos de CBS, aunque en este caso la diferencia se reduce a 39% frente a 27%. Lo cierto es que el candidato demócrata ha salido reforzado del encuentro.
Economía y confianza
El debate se centró en la economía, que ocupó una hora de los 90 minutos de discusión. Ambos candidatos intentaron convencer de sus capacidades de gestión para salir de la crisis. En este aspecto, llamó la atención una pregunta de una mujer del público, que se dirigió a los aspirantes inquiriéndoles cómo podía confiar en ellos cuando los gobiernos de sus partidos habían arrastrado al mundo a una crisis. Mientras McCain apeló a “los excesos de Wall Street”, Obama admitió la responsabilidad de Washington. Pero era, como bien indicó la autora de la pregunta, una cuestión de transmitir al electorado confianza: ambos apoyan el Plan de Rescate Financiero del actual presidente George Bush y seguramente seguirán con él.
“No entiendo cómo invadimos Irak”
Los aspectos más llamativos, sin embargo, se los llevó la política internacional. El candidato republicano, como es habitual, descalificó a Obama por su falta de experiencia y le acusó de no entender esta cuestión. En este momento, el demócrata marcó el tanto de la noche: echando mano de la retórica, contestó que, efectivamente, hay cosas que no entiende. “No entiendo cómo terminamos invadiendo un país que no tenía nada que ver con el 11-S. Eso es lo que no entiendo”, apostilló. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”. Y aunque su oponente volvió a reivindicar la guerra de Irak, Obama no sólo insistió en que era un error, sino que acusó a esta iniciativa de permitir la fuga de Osama Bin Laden. “Desviamos recursos de Afganistán y dejamos que Bin Laden se refugiase en Pakistán”, señaló.
“Veo a la KGB”
Sobre la tensión con Rusia, también se mostró más sereno el aspirante demócrata, apostando por ayudar a las repúblicas ex soviéticas. Su contrincante, no obstante, no titubeó: cada vez que veo a Valdimir Putin –primer ministro ruso- “veo ala KGB”, aseveró, si bien descartó una vuelta a la Guerra Fría. Respecto a otras zonas conflictivas, Obama destacó la problemática de Sudán, donde se llevan a cabo “genocidios”, y ya sobre la tensión entre Israel e Irán, indicó que se debía evitar un “segundo Holocausto”. Mc Cain, por su parte, echó mano del discurso sobre la seguridad nacional, incidiendo en su experiencia y patriotismo. “La seguridad de sus hijos en el campo de batalla es mi primero responsabilidad”, promulgó.
El humilde y el militar
La última pregunta consistió en una presentación de la personalidad de ambos aspirantes. Mientras Obama apeló a su origen humilde y se mostró como el representante del sueño americano del cambio, Mc Cain aludió, una vez más, a su pasado en el Ejército. “Ha sido mi mayor honor servir al país durante tantos años”, concluyó.

LO DIJO OBAMA

octubre 8, 2008

Obama, claro vencedor del segundo debate
“No entiendo cómo invadimos un país que no tenía nada que ver con el 11-S”
A un mes de las elecciones, los aspirantes a la Casa Blanca, Barack Obama y John McCain, volvieron a medir fuerzas en un debate televisivo. Y aunque se preveía que el republicano McCain, teórico perdedor del último encuentro y en desventaja según las encuestas, saliera a embestir a su oponente, anoche en Nashville –ciudad donde se celebró el careo- no consiguió convencer a la audiencia. Un Obama, más calmado y cómodo que su rival, reforzó su candidatura y los sondeos así lo reflejan. Como era de esperar, gran parte de los discursos del republicano y el demócrata se centraron en las políticas económicas para paliar la crisis, un aspecto en el que ambos intentaron mostrarse como los más competentes para reflotar al país epicentro de la debacle financiera. Donde más roce hubo, sin embargo, fue en política internacional. El demócrata arremetió contra el conservador duramente por la guerra de Irak. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”, lamentó.
Anoche a las siete y media, la Universidad de Belmont, ubicada en Nashville (Tenesse) concentraba la atención del mundo. Obama y McCain se veían las caras por segunda vez en la campaña electoral, a un mes de las elecciones y con las encuestas decantándose por el primero. El encuentro, además, se celebraba pocos días después de que los vicepresidentes hicieran lo propio, con una clara victoria para el compañero de fórmula de Obama, John Biden.
Obama vence y convence
McCain debía salir a matar para convencer a la audiencia y dar la vuelta a las encuestas, pero no lo logró. Según las encuestas de CNN, su oponente le aventaja por un porcentaje de 54%-30%. También dan la victoria a Obama los sondeos de CBS, aunque en este caso la diferencia se reduce a 39% frente a 27%. Lo cierto es que el candidato demócrata ha salido reforzado del encuentro.
Economía y confianza
El debate se centró en la economía, que ocupó una hora de los 90 minutos de discusión. Ambos candidatos intentaron convencer de sus capacidades de gestión para salir de la crisis. En este aspecto, llamó la atención una pregunta de una mujer del público, que se dirigió a los aspirantes inquiriéndoles cómo podía confiar en ellos cuando los gobiernos de sus partidos habían arrastrado al mundo a una crisis. Mientras McCain apeló a “los excesos de Wall Street”, Obama admitió la responsabilidad de Washington. Pero era, como bien indicó la autora de la pregunta, una cuestión de transmitir al electorado confianza: ambos apoyan el Plan de Rescate Financiero del actual presidente George Bush y seguramente seguirán con él.
“No entiendo cómo invadimos Irak”
Los aspectos más llamativos, sin embargo, se los llevó la política internacional. El candidato republicano, como es habitual, descalificó a Obama por su falta de experiencia y le acusó de no entender esta cuestión. En este momento, el demócrata marcó el tanto de la noche: echando mano de la retórica, contestó que, efectivamente, hay cosas que no entiende. “No entiendo cómo terminamos invadiendo un país que no tenía nada que ver con el 11-S. Eso es lo que no entiendo”, apostilló. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”. Y aunque su oponente volvió a reivindicar la guerra de Irak, Obama no sólo insistió en que era un error, sino que acusó a esta iniciativa de permitir la fuga de Osama Bin Laden. “Desviamos recursos de Afganistán y dejamos que Bin Laden se refugiase en Pakistán”, señaló.
“Veo a la KGB”
Sobre la tensión con Rusia, también se mostró más sereno el aspirante demócrata, apostando por ayudar a las repúblicas ex soviéticas. Su contrincante, no obstante, no titubeó: cada vez que veo a Valdimir Putin –primer ministro ruso- “veo ala KGB”, aseveró, si bien descartó una vuelta a la Guerra Fría. Respecto a otras zonas conflictivas, Obama destacó la problemática de Sudán, donde se llevan a cabo “genocidios”, y ya sobre la tensión entre Israel e Irán, indicó que se debía evitar un “segundo Holocausto”. Mc Cain, por su parte, echó mano del discurso sobre la seguridad nacional, incidiendo en su experiencia y patriotismo. “La seguridad de sus hijos en el campo de batalla es mi primero responsabilidad”, promulgó.
El humilde y el militar
La última pregunta consistió en una presentación de la personalidad de ambos aspirantes. Mientras Obama apeló a su origen humilde y se mostró como el representante del sueño americano del cambio, Mc Cain aludió, una vez más, a su pasado en el Ejército. “Ha sido mi mayor honor servir al país durante tantos años”, concluyó.

LO DIJO OBAMA

octubre 8, 2008

Obama, claro vencedor del segundo debate
“No entiendo cómo invadimos un país que no tenía nada que ver con el 11-S”
A un mes de las elecciones, los aspirantes a la Casa Blanca, Barack Obama y John McCain, volvieron a medir fuerzas en un debate televisivo. Y aunque se preveía que el republicano McCain, teórico perdedor del último encuentro y en desventaja según las encuestas, saliera a embestir a su oponente, anoche en Nashville –ciudad donde se celebró el careo- no consiguió convencer a la audiencia. Un Obama, más calmado y cómodo que su rival, reforzó su candidatura y los sondeos así lo reflejan. Como era de esperar, gran parte de los discursos del republicano y el demócrata se centraron en las políticas económicas para paliar la crisis, un aspecto en el que ambos intentaron mostrarse como los más competentes para reflotar al país epicentro de la debacle financiera. Donde más roce hubo, sin embargo, fue en política internacional. El demócrata arremetió contra el conservador duramente por la guerra de Irak. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”, lamentó.
Anoche a las siete y media, la Universidad de Belmont, ubicada en Nashville (Tenesse) concentraba la atención del mundo. Obama y McCain se veían las caras por segunda vez en la campaña electoral, a un mes de las elecciones y con las encuestas decantándose por el primero. El encuentro, además, se celebraba pocos días después de que los vicepresidentes hicieran lo propio, con una clara victoria para el compañero de fórmula de Obama, John Biden.
Obama vence y convence
McCain debía salir a matar para convencer a la audiencia y dar la vuelta a las encuestas, pero no lo logró. Según las encuestas de CNN, su oponente le aventaja por un porcentaje de 54%-30%. También dan la victoria a Obama los sondeos de CBS, aunque en este caso la diferencia se reduce a 39% frente a 27%. Lo cierto es que el candidato demócrata ha salido reforzado del encuentro.
Economía y confianza
El debate se centró en la economía, que ocupó una hora de los 90 minutos de discusión. Ambos candidatos intentaron convencer de sus capacidades de gestión para salir de la crisis. En este aspecto, llamó la atención una pregunta de una mujer del público, que se dirigió a los aspirantes inquiriéndoles cómo podía confiar en ellos cuando los gobiernos de sus partidos habían arrastrado al mundo a una crisis. Mientras McCain apeló a “los excesos de Wall Street”, Obama admitió la responsabilidad de Washington. Pero era, como bien indicó la autora de la pregunta, una cuestión de transmitir al electorado confianza: ambos apoyan el Plan de Rescate Financiero del actual presidente George Bush y seguramente seguirán con él.
“No entiendo cómo invadimos Irak”
Los aspectos más llamativos, sin embargo, se los llevó la política internacional. El candidato republicano, como es habitual, descalificó a Obama por su falta de experiencia y le acusó de no entender esta cuestión. En este momento, el demócrata marcó el tanto de la noche: echando mano de la retórica, contestó que, efectivamente, hay cosas que no entiende. “No entiendo cómo terminamos invadiendo un país que no tenía nada que ver con el 11-S. Eso es lo que no entiendo”, apostilló. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”. Y aunque su oponente volvió a reivindicar la guerra de Irak, Obama no sólo insistió en que era un error, sino que acusó a esta iniciativa de permitir la fuga de Osama Bin Laden. “Desviamos recursos de Afganistán y dejamos que Bin Laden se refugiase en Pakistán”, señaló.
“Veo a la KGB”
Sobre la tensión con Rusia, también se mostró más sereno el aspirante demócrata, apostando por ayudar a las repúblicas ex soviéticas. Su contrincante, no obstante, no titubeó: cada vez que veo a Valdimir Putin –primer ministro ruso- “veo ala KGB”, aseveró, si bien descartó una vuelta a la Guerra Fría. Respecto a otras zonas conflictivas, Obama destacó la problemática de Sudán, donde se llevan a cabo “genocidios”, y ya sobre la tensión entre Israel e Irán, indicó que se debía evitar un “segundo Holocausto”. Mc Cain, por su parte, echó mano del discurso sobre la seguridad nacional, incidiendo en su experiencia y patriotismo. “La seguridad de sus hijos en el campo de batalla es mi primero responsabilidad”, promulgó.
El humilde y el militar
La última pregunta consistió en una presentación de la personalidad de ambos aspirantes. Mientras Obama apeló a su origen humilde y se mostró como el representante del sueño americano del cambio, Mc Cain aludió, una vez más, a su pasado en el Ejército. “Ha sido mi mayor honor servir al país durante tantos años”, concluyó.

LO DIJO OBAMA

octubre 8, 2008

Obama, claro vencedor del segundo debate
“No entiendo cómo invadimos un país que no tenía nada que ver con el 11-S”
A un mes de las elecciones, los aspirantes a la Casa Blanca, Barack Obama y John McCain, volvieron a medir fuerzas en un debate televisivo. Y aunque se preveía que el republicano McCain, teórico perdedor del último encuentro y en desventaja según las encuestas, saliera a embestir a su oponente, anoche en Nashville –ciudad donde se celebró el careo- no consiguió convencer a la audiencia. Un Obama, más calmado y cómodo que su rival, reforzó su candidatura y los sondeos así lo reflejan. Como era de esperar, gran parte de los discursos del republicano y el demócrata se centraron en las políticas económicas para paliar la crisis, un aspecto en el que ambos intentaron mostrarse como los más competentes para reflotar al país epicentro de la debacle financiera. Donde más roce hubo, sin embargo, fue en política internacional. El demócrata arremetió contra el conservador duramente por la guerra de Irak. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”, lamentó.
Anoche a las siete y media, la Universidad de Belmont, ubicada en Nashville (Tenesse) concentraba la atención del mundo. Obama y McCain se veían las caras por segunda vez en la campaña electoral, a un mes de las elecciones y con las encuestas decantándose por el primero. El encuentro, además, se celebraba pocos días después de que los vicepresidentes hicieran lo propio, con una clara victoria para el compañero de fórmula de Obama, John Biden.
Obama vence y convence
McCain debía salir a matar para convencer a la audiencia y dar la vuelta a las encuestas, pero no lo logró. Según las encuestas de CNN, su oponente le aventaja por un porcentaje de 54%-30%. También dan la victoria a Obama los sondeos de CBS, aunque en este caso la diferencia se reduce a 39% frente a 27%. Lo cierto es que el candidato demócrata ha salido reforzado del encuentro.
Economía y confianza
El debate se centró en la economía, que ocupó una hora de los 90 minutos de discusión. Ambos candidatos intentaron convencer de sus capacidades de gestión para salir de la crisis. En este aspecto, llamó la atención una pregunta de una mujer del público, que se dirigió a los aspirantes inquiriéndoles cómo podía confiar en ellos cuando los gobiernos de sus partidos habían arrastrado al mundo a una crisis. Mientras McCain apeló a “los excesos de Wall Street”, Obama admitió la responsabilidad de Washington. Pero era, como bien indicó la autora de la pregunta, una cuestión de transmitir al electorado confianza: ambos apoyan el Plan de Rescate Financiero del actual presidente George Bush y seguramente seguirán con él.
“No entiendo cómo invadimos Irak”
Los aspectos más llamativos, sin embargo, se los llevó la política internacional. El candidato republicano, como es habitual, descalificó a Obama por su falta de experiencia y le acusó de no entender esta cuestión. En este momento, el demócrata marcó el tanto de la noche: echando mano de la retórica, contestó que, efectivamente, hay cosas que no entiende. “No entiendo cómo terminamos invadiendo un país que no tenía nada que ver con el 11-S. Eso es lo que no entiendo”, apostilló. “Como consecuencia de la decisión de intervenir en Irak, Estados Unidos no cuenta en estos momentos ni con los recursos ni con los aliados para hacer lo que tenemos que hacer en el mundo”. Y aunque su oponente volvió a reivindicar la guerra de Irak, Obama no sólo insistió en que era un error, sino que acusó a esta iniciativa de permitir la fuga de Osama Bin Laden. “Desviamos recursos de Afganistán y dejamos que Bin Laden se refugiase en Pakistán”, señaló.
“Veo a la KGB”
Sobre la tensión con Rusia, también se mostró más sereno el aspirante demócrata, apostando por ayudar a las repúblicas ex soviéticas. Su contrincante, no obstante, no titubeó: cada vez que veo a Valdimir Putin –primer ministro ruso- “veo ala KGB”, aseveró, si bien descartó una vuelta a la Guerra Fría. Respecto a otras zonas conflictivas, Obama destacó la problemática de Sudán, donde se llevan a cabo “genocidios”, y ya sobre la tensión entre Israel e Irán, indicó que se debía evitar un “segundo Holocausto”. Mc Cain, por su parte, echó mano del discurso sobre la seguridad nacional, incidiendo en su experiencia y patriotismo. “La seguridad de sus hijos en el campo de batalla es mi primero responsabilidad”, promulgó.
El humilde y el militar
La última pregunta consistió en una presentación de la personalidad de ambos aspirantes. Mientras Obama apeló a su origen humilde y se mostró como el representante del sueño americano del cambio, Mc Cain aludió, una vez más, a su pasado en el Ejército. “Ha sido mi mayor honor servir al país durante tantos años”, concluyó.