MOUNTAZER AL ZAIDI

ENRIC SOPENA
19/12/2008
Mussolini, Franco y Bush los juntan
A George W. Bush le perseguirá hasta la tumba la imagen de un periodista irakí, Mountazer al Zaidi, lanzándole sus dos zapatos y diciendo con rabia y solemnidad: “Toma tu beso de despedida de parte del pueblo irakí, pedazo de perro. Éste es el final”. Ni un rasguño ni una herida ni una gota de sangre. Sólo se trataba de crear un episodio destinado a la historia. O una versión actualizada de David venciendo a Goliat. Este valeroso colega irakí, corresponsal en Bagdad del canal Al-Baghdadia, consiguió nada más ni nada menos que dejar desnudo al Emperador de Occidente.
El todopoderoso presidente de EEUU, el comandante en eje de los ejércitos invasores, el que mintió a los ciudadanos de todo el mundo, inventándose armas de destrucción masiva y lazos estrechos entre Saddam Hussein y Ben Laden, dijo adiós a su mandato visitando Irak. Quizás sea verdad que el criminal siempre vuelve al lugar del crimen. La visita a Irak de Bush confirma el adagio. Aquella guerra fue un acto criminal y, además, un inmenso error o un atropello sin escrúpulos, repudiado por millones y millones de ciudadanos de todo el planeta Tierra.

Una réplica vigorosa
La infame foto del Trío de las Azores necesitaba una réplica vigorosa. La impulsó, en un gesto de dignidad, ese periodista que sus compatriotas y muchos conciudadanos del mundo han convertido en héroe. Va cayendo poco a poco, aunque inexorablemente, la leyenda pérfida de una tropa liberadora que entraría en Bagdad, como entraron los soldados del general Leclerc en París, vitoreados por una multitud que deseaba romper las cadenas del nazismo y recuperar las libertades perdidas.

Sin agua y con mucha sangre
Llegaron a Bagdad los militares del Emperador y de sus secuaces y nadie aplaudió a los neocolonizadores. El oasis de paz que nos prometieron sus voceros ha sido -a lo largo de estos años de plomo y en la actualidad también- un oasis sin agua y, en cambio, con mucha sangre derramada.

Ignominia
Bush se retirará y saldrá por la puerta de atrás de la Historia. A Blair ya le pasó lo mismo. Su sucesor, Gordon Brown, ha anunciado la retirada de los soldados británicos de Irak. La guerra de Irak contamina sin remedio. No hay gloria posible en esa tragedia. Hay simplemente ignominia. El tercero del terceto, Aznar camina errático desde entonces. A veces, parece un titiritero -extraído del libro y de la película de Fernando Fernán Gómez- viajando a ninguna parte. El otro día, horas después del doble zapatazo sufrido por su amigo Bush, estuvo en Roma para presentar ahí Cartas a un joven español, que es su última obra de predicador neocon.

En Roma, con los posfascistas
Se reunió Aznar, en Roma, con los posfascistas italianos, vinculados a Alianza Nacional, herederos de Benito Mussolini. El ex presidente del Gobierno de España arremetió contra el mayo francés, como hiciera el otro día Esperanza Aguirre jugando con sus cachorros. Son las mismas obsesiones, las de Aznar y las de Aguirre, compartidas por la derecha extrema que atenaza al PP.

Parecidas obsesiones
Son muy parecidas, por supuesto, a las obsesiones de Gianfranco Fini, el líder de Alianza Nacional –que prologa la edición italiana del bodrio mencionado-, y a las del alcalde de Roma, el activo neofascista Gianni Alemanno, que, por cierto, pronunció un discurso recientemente en Madrid, flanqueado y presentado por el centrista Ruiz Gallardón. Dios los cría y Mussolini, Franco y Bush los juntan.

Enric Sopena es director de El Plural

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