EN HONOR DE CHARLES DARWIN

El naturalista británico Charles Darwin, con su teoría de la selección natural de las especies, rebatía la idea de la creación de origen divino. El 12 de febrero próximo, cuando se celebrará el bicentenario de su nacimiento, aún es objeto de rechazo por los partidarios del creacionismo, llamado ahora “diseño inteligente”.
Nada hacía presagiar en la apacible vida de Charles Robert Darwin, nacido en Shrewsbury (centro de Reino Unido) en una familia acomodada de la Inglaterra victoriana, que acabaría por socavar los cimientos sobre los que se asentaban las ciencias naturales de la época, y que se convertiría en un científico revolucionario.
Hijo de un eminente médico de la alta sociedad, Robert Waring Darwin, comenzó estudios de Medicina en Edimburgo, aunque solo completó dos años, dada su aversión a las operaciones quirúrgicas. Su padre le propuso entonces que fuera a Cambridge para que se convirtiera en pastor protestante, pero en esa universidad desarrolló un gran interés por la historia natural, cuando asistió voluntariamente a las clases del botánico y entomólogo reverendo John Henslow.
Henslow cambiaría la vida de Darwin al darle la oportunidad de embarcarse en 1831 como naturalista con el capitán Robert Fitzroy para una expedición alrededor del mundo en el barco Beagle, de la Armada Real británica.
De 1831 a 1836, recorrió gran parte del hemisferio sur, estudió su fauna y flora, y recogió fósiles.
Laboratorio natural
Fueron las islas Galápagos, un archipiélago situado junto a Ecuador, con sus extrañas especies originadas en Sudamérica, pero que habían evolucionado de un modo distinto, las que reafirmaron su teoría de la selección natural. La rica biodiversidad de las Galápagos se vio favorecida por su aislamiento del continente y entre islas.
A su regreso al Reino Unido e influenciado por el geólogo Charles Lyell, quien sostenía que el mundo se había formado no por medio de grandes catástrofes, sino por el efecto de procesos graduales como el viento o los volcanes, llegó a la conclusión de que la vida evoluciona y las especies se adaptan a su entorno.
Con 27 años, el naturalista había reunido mayor cantidad de información científica que la acumulada por la mayoría de las personas durante toda su vida. Su producción abarcó 17 libros y más de 150 artículos.
Luego de 23 años de maduración de su teoría —a sabiendas del profundo impacto que ésta causaría— compilada en su obra que le daría fama universal, El origen de las especies, publicada el 24 de noviembre de 1859, Darwin llevó a la ruptura de las ciencias naturales con el dogma de la creación independiente de las especies, en el que acuñó entonces el concepto de selección natural para explicar por qué algunos animales sobrevivían y, en cambio, otros morían antes de reproducirse.
El libro de Darwin se agotó en su primeros días de venta al público, y fue impactante porque presentaba gran cantidad de información, con argumentos muy bien desarrollados, fruto de sus numerosas investigaciones de campo.
Darwin creía que toda la vida en la Tierra evolucionó durante millones de años a partir de unos pocos ancestros comunes y que mediante un mecanismo de selección natural se llegó a las especies que hoy pueblan el planeta.
Derribó creencias
La revolución intelectual generada por Darwin abarcó mucho más que la biología, al causar el derrumbe de creencias fundamentales de su época.
El naturalista alimentó la polémica al introducir la idea de que los humanos surgieron de forma evolutiva al igual que ocurre con el resto del mundo viviente, es decir, el hombre y el mono tienen un ancestro común, teoría expuesta en su obra El origen del hombre y la selección sexual (1871).
Sin embargo, sus obras son objeto de debate y ataque por los sectores “creacionistas” o del llamado “diseño inteligente”, que aún defienden la mano de un ser superior.
Avalada por la Iglesia Católica estadounidense, la teoría del “diseño inteligente” establece que el proceso de la vida es demasiado complejo como para explicarla en términos naturales.
Los “creacionistas” defienden su posición y aseguran que la evolución es una teoría no demostrada.
“La teoría ha permitido enormes avances en medicina, agricultura, conservación y mucho más”, aseguró Michael Zimmerman, del Colegio de Artes y Ciencias de la Universidad Butler, en Indiana, EE. UU.
Además, es una de las teorías más respaldadas por la ciencia y “nadie ha podido hasta ahora plantear una alternativa al cambio evolutivo”, agregó.
Pese a la polémica, es indudable la contribución científica de Darwin al mundo, que dejó a los 73 años haciendo lo que más le gustaba. “Cuando me vea obligado a renunciar a la observación y a la experimentación, moriré”, escribió en sus últimos años.
Por Brenda Martínez-Información de agencias y sitios de internet.

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