LA LIMPIADORA DE LA ESCUELA

Durante mi primer semestre en la escuela de enfermería, nuestro profesor nos dio un examen sorpresa, yo era un estudiante consciente y leí rápidamente todas las preguntas, hasta que leí la última: “¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela?”.

Seguramente esto era algún tipo de broma, yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Ella era alta, cabello oscuro, como de 50 años, pero ¿cómo iba yo a saber su nombre?

Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco.

Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta, contaría para la nota del examen. “Absolutamente” dijo el profesor. “En sus carreras ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Ellas merecen su atención y cuidado. Aunque sólo les sonrían digan: ¡HOLA!.
Nunca olvidé esta lección, también aprendí que su nombre era Dorotea.
TODOS SOMOS IMPORTANTES
Yo aprendí esta lección de otra manera, dándome cuenta que al dirigirme a alguien tenía que conocer su nombre, pues me veía en “apuros” si no lo sabía, actualmente es cuando me percato más de que tengo que memorizarlo, no tengo mala memoria para ello, pero el caso es que a veces, se me olvida preguntar o pedir que me lo repitan si resulta que no he prestado atención, otras veces me conformo con preguntarlo a escondidas, y también sé que para dirigirse a alguien es halagador y respetable mencionar su nombre, tanto como para abrir una conversación, como para terminarla y durante ella .

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