EL EX PRESIDENTE POPULAR APOCALIPTICO

Lleva 30 años de falso profeta y en 1979 advertía en sus artículos franquistas que “el ser y la concepción misma de España están en juego”

José María Aznar regresó el otro día, ante la Organización de Patronales de Capitales Europeos (OPCE), al discurso de España se rompe. Lo hizo mientras era aupado hasta el cielo por Esperanza Aguirre, quien lo definió como “uno de los principales artífices de lo que en todo el mundo se conoce como el milagro económico español”. La lideresa de Madrid llegó a decir de Aznar que es “una de las voces más autorizadas del mundo para analizar la crisis económica y poner remedios a la actual situación”.

Convendrá conmigo Aguirre, si me permite una observación, que no deja de ser una verdadera desgracia para la humanidad que -a pesar de tanta sabiduría como acumula el ex presidente popular respecto a los temas aludidos-, ni un solo Gobierno del universo y alrededores –ni uno solo- lo haya contratado como gurú máximo en estas terribles horas de tinieblas económicas y financieras. ¡Qué le vamos a hacer! Ellos se lo pierden.
Las taifas
Habló ciertamente Aznar en torno a la crisis económica, pero no desaprovechó la oportunidad de exponer sus temores acerca del futuro de España como nación. Utilizó el vocablo taifas para referirse a las comunidades autónomas, lo que no en absoluto resulta casual y, en todo caso, sí es despectivo y voluntariamente humillante. En el argot o jerga de la derechona es habitual el uso de la palabra taifas como sinónimo de las autonomías. Federico Jiménez Losantos es adicto a ese término. Como lo son César Vidal y Pío Moa, entre otros ultramontanos.

Estado residual
Advirtió que “el actual modelo de Estado, con administración hipertrofiada, no es financieramente viable”. Le pareció a Aznar que no es razonable “continuar con la centrifugación del Estado”. Señaló que nos encontramos con un “Estado residual”, incapaz de “garantizar la cohesión territorial entre los españoles” de modo que “la desvertebración de España merma la capacidad gubernamental para afrontar la crisis”. En todo caso, si España –según sostiene Aznar- está desvertebrada, es cierto pues que, en cualquier momento, España puede romperse.

Tranquilos todos
Sin embargo, tranquilos todos. Ocurre que el diagnóstico de Aznar sobre el irreversible proceso de ruptura de España lleva treinta años repitiéndose y la realidad, por fortuna, viene desmintiendo la machacona profecía aznarista. Mejor dicho: ese vaticinio no es un genuino punto de vista suyo, sino que es patrimonio de la derecha española que, por ejemplo, acogió el Capítulo Octavo de la Constitución rasgándose las vestiduras y llorando de dolor por el fin de la patria querida. Manuel Fraga, entonces líder de Alianza Popular, predecesor del PP, redactó un voto particular a la totalidad del Capítulo [el de la España autonómica) y sobre todo rechazó que se incluyeran en el texto constitucional conceptos como el de nacionalidad y no el de región. Una parte de AP se escindió del partido porque consideraba que Fraga se había comportado como un blando o blandengue.

En La Nueva Rioja
Pero apuntaba lo de los treinta años de Aznar sin moverse de sus obsesiones carpetovetónicas porque fue en 1979 cuando escribió sus célebres artículos en el diario La Nueva Rioja. Son todos ellos un compendio de descripciones apocalípticas por lo que una de sus conclusiones sería, según se colige de sus aseveraciones, que con Franco vivíamos mejor. En Hablar claro –título del comentario de Aznar del 30 de septiembre de 1979- sentencia: “El ser y la concepción misma de España están en juego”. El 9 de mayo de ese año en Vientos que destruyen podía leerse: “Una auténtica marea de reivindicaciones regionalistas nos acosan sin que sepamos los límites (…)”. Y añadía con la vacua severidad del ordeno y mando: “Hay que dejar bien claro que España no es ni puede nunca ser la suma algebraica de cinco, seis o siete regiones o nacionalidades. España es una nación desde hace cinco siglos no hecha por las circunstancias, sino por la historia”.

Fervoroso falangista
Veamos otro párrafo significativo en el que Aznar no oculta su reconocimiento al general Franco: “Vientos de revancha son los que parecen tener algunos ayuntamientos recientemente constituidos. El de Guernica aprueba por unanimidad retirar la medalla de la villa, así como todos los honores concedidos al anterior Jefe del Estado que aunque moleste a muchos gobernó durante 40 años y se llamaba Francisco Franco”. Por esas fechas, Aznar había terminado hacia un tiempo sus oposiciones de inspector de Hacienda. Vivía y trabajaba en Logroño. Su mujer, Ana Botella, llegó a ser de forma interina gobernadora civil de La Rioja.

Fraga y Lapuerta
Recomendado por el jefe máximo de AP, Fraga Iribarne, y por Álvaro Lapuerta, que -pasados los años fue tesorero del PP antes que Luis Bárcenas- se convirtió en el presidente de los populares riojanos. Ya hace treinta años que –habiendo sido fervoroso falangista de jovencito- le duele España. Como profeta, Aznar también es falso. Lleva treinta años asustando al personal con que viene el lobo, que viene el lobo. Y resulta que el único lobo es él.

Enric Sopena es director de El Plural

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