ATEISMO Y RELIGIONES

Federico Nietzche decía que para crear una religión basta con inventar un dios, un mesías; y prohibir ciertas telas, ciertos colores, determinados alimentos y ciertas indumentarias. Y la gran mayoría de religiones de hoy en día no pueden sino darle la razón: Uno de los atributos fundamentales de las religiones del mundo es que suelen crear crímenes imaginarios; esto es, normas arbitrarias cuyo desacato no lastima realmente a ninguna persona y que no tiene ninguna conexión con aspectos de la vida diaria. En un principio, muchos cultos presentan unos orígenes de lo más sencillo, y algunos autodenominados líderes o profetas incluso tienen la osadía de insistir en que nuestro único deber como personas es amarnos unos a otros. Pero a medida que pasa el tiempo, estas religiones tienden inevitablemente a volverse complejas y elaboradas; tal y como muestran muchos de los credos tradicionales.

Los clérigos y teólogos a duras penas podrían justificar su salario si todo lo que hicieran fuese repetir las palabras de la generación anterior. Así que cada cierto tiempo salen con nuevas leyes y mandatos que pretenden purificar el corazón y acercarnos más a la vida eterna. A veces los hábitos mas triviales de sus fundadores son imitados conscientemente por sus seguidores(hasta el punto de reproducir la forma de cepillarse los dientes, como muestra este artículo de muslimmatters), atando normas vinculantes a costumbres supremamente sencillas.

Con el paso del tiempo, estas reglas se van acumulando hasta que llegan a ser abrumadoras. Una inspección rápida de las principales religiones del mundo revelará una lista de prohibiciones realmente impresionante: normas en contra de comer carne determinados días de la semana, en contra de comer ciertos animales, en contra de ingerir alimentos sin los rituales necesarios, en contra de trabajar en determinados días, en contra de cortarse- o no cortarse!- el cabello de cierta manera, en contra de pronunciar ciertas palabras, en contra de tener sexo de formas indebidas, en contra de casarse -o incluso de relacionarse- con no-creyentes o ex-miembros de la secta, etc. La lista podría ampliarse casi hasta el infinito; pero el punto es que, para muchos creyentes, la vida entera esta atiborrada de normas que para una persona normal resultan aparentemente inútiles. No exagero cuando digo que prácticamente cualquier actividad, por cotidiana que sea, ha sido prohibida por las normas de alguna secta.

Lamentablemente, debido a la violencia que engendran, estos crímenes imaginarios a menudo resultan en un daño real. Si ud tenía la desgracia de ser judío en la muy católica Europa medieval, lo más seguro es que se le terminara acusando de “profanar la hostia”: Un crimen imaginario en el cual los cristianos fantaseaban con judíos robando hostias de las iglesias y atravezandolas para prolongar el sufrimiento de Jesús (el hecho obvio de que los judíos no creían en la transustanciación no parece habersele ocurrido a ninguno de ellos). A lo largo de toda Europa, turbas cristianas incitadas al frenesí por estas falsas acusaciones terminaron asesinando cientos de judíos inocentes.

La ridícula acusación de profanar la eucaristía encuentra un paralelo hoy en el delito imaginario de representar al profeta Mahoma. Siguiendo el ejemplo de los cristianos medievales, los musulmanes modernos se han mostrado más que dispuestos a recurrir a la violencia contra cualquier persona, sea o no sea musulmán, que viole la prohibición islámica sobre crear imágenes de su profeta. Una vez más, es fácil ver porque se trata de uno de los crímenes imaginarios más detestables de hoy en día: un acto como ese no hace daño a nadie, no tiene relación alguna con las necesidades o preocupaciones humanas; y sin embargo los líderes terroristas y los dementes que les siguen a pies juntillas exigen que el resto de la sociedad obedezca sus mandatos irracionales y castigue como crímenes reales delitos que solo existen en la imaginación de los ofendidos.

Con los musulmanes pretendiendo que toda la sociedad se acomode a sus preceptos de la edad de bronce, los cristianos no podían quedarse atrás. Estos, a su vez, han inventado el delito imaginario del matrimonio gay: Una causa muy humana a la que se oponen únicamente porque, según la mitología cristiana, Dios definió el matrimonio como algo entre un hombre y una mujer. Esta postura irracional y homofóbica del cristianismo, parafraseando a Mario Vargas Llosa, a contribuido a que, hasta nuestros días, el porcentaje de seres humanos de vocación homosexual viviera en una catacumba de vergüenza y oprobio, fuera discriminado y ridiculizado; y se le excluyera completamente de la unión sexual a la que todos los humanos tenemos el legitimo derecho en nombre de una supuesta normalidad representada por el heterosexualismo.

Volviendo al tema, no hay que ser ateo para darse cuenta de lo absurdo de ciertas prohibiciones. La arbitrariedad sin sentido de varios de sus mandatos ha sido reconocida incluso por los mismo creyentes:

“Que la mayoría de preceptos divinos carecen de razón es precisamente el punto que estoy haciendo. Es muy fácil no asesinar a la gente, bastante fácil. No robar es un poco más difícil porque uno se siente tentado de vez en cuando. Por lo tanto, que no robo o no asesino no es una gran prueba de que creo en Dios y me preocupo por cumplir su voluntad. Pero si me dice que no puedo tomar café con leche para acompañar mi carne picada a la hora del almuerzo, eso si que es una prueba. La única razón por la que lo hago es porqué el me lo ha dicho.” (fuente)

Una vez más, ingerir una mezcla “prohibida” de alimentos no va a matar a nadie, mucho menos comérselos sin el ritual religioso adecuado. Solo por repetir el refrán al que ya estamos acostumbrados: Se trata de una creencia que no tiene ningún efecto tangible sobre el mundo real, no lastima a nadie y no tiene relación con las preocupaciones o aspiraciones humanas. Desafortunadamente, en el mundo sigue habiendo millones de personas que se la toman tan en serio que cualquier transgresión, incluso de parte de un no-creyente, será recibida con una ola de fanatismo, amenazas y violencia.

Sin duda alguna, la religión también tiene muchas reglas que vale la pena seguir: amar al prójimo como a si mismo, ayudar a los pobres y a los necesitados, promover la paz y la sabiduría, etc. Sin embargo, estas normas son buenas precisamente porqué tienen efectos positivos tangibles sobre la calidad de vida de las personas; y pueden ser justificadas sobre esa base sin necesidad de apelar a lo sobrenatural.

Por otra parte, creo que cualquier norma que solo pueda justificarse apelando a la voluntad de Dios es, por definición, inútil y arbitraria. Dichas normas no tienen ninguna conexión con nuestra realidad o nuestras aspiraciones, obedecer estas reglas no nos hace moralmente mejores; peor aún, nos hace peores en cuanto tienden a suscitar un odio irracional contra quienes denominan estos crímenes imaginarios como lo que son y no se sienten obligados a cumplirlos.

Basado en un post de Daylight atheism

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