Archive for 3/10/09

La Doctora Rauni Kilde y la gripe A

octubre 3, 2009


La Doctora Rauni Kilde, ex ministra de Sanidad finlandesa, habla sobre la conspiración de la gripe porcina.

No se pierdan este testimonio de la ex ministra de sanidad finlandesa, acerca de la vacuna de la gripe porcina y la campaña de miedo. Habla claro de lo que realmente pretenden hacer…

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EL FRACASO DE GALLARDON QUE PAGAREMOS TODOS LOS MADRILEÑOS

octubre 3, 2009

Un nuevo fracaso de Gallardón que pagarán todos los madrileños

Pese a las pocas probabilidades de Madrid y a sus deterioradas cuentas, Gallardón no se autolimitó a la hora de realizar fastuosos desembolsos para convertir los Juegos en su activo político. Y ahora, ¿quién se va a responsabilizar de todo este gasto?
En contra el sentido común y económico más elemental, Gallardón antepuso sus intereses personales a los de una endeudadísima Villa de Madrid al buscar en 2016 lo que perdió en 2012: un sueño frustrado que no eran tanto los Juegos Olímpicos como su promoción a la presidencia del PP nacional y de ahí a La Moncloa.

El sentido común aconsejaba esperar tras la primera negativa. Lograr los Juegos cuatro años después de haberlos perdido se antojaba complicado, especialmente si en 2012 la ciudad encargada de organizarlos, Londres, se encuentra en el mismo continente que Madrid. La norma no escrita del COI promueve la rotación continental y no era probable que se fuera a modificar para mayor gloria de Gallardón; así lo comprendió París, que no volvió a presentarse en esta ocasión tras salir derrotada en 2012 (esperando su mejor oportunidad en 2020). Por consiguiente, si organizar los Juegos Olímpicos de 2016 era una meta extraordinariamente complicada y que podía dar al traste con las legítimas aspiraciones olímpicas de Madrid no ya para esta edición sino para las venideras, ¿por qué entonces se embistió contra el sentido común y se lanzó una apuesta tan arriesgada?

Simplemente porque así lo exigían las ambiciones presidenciales de Gallardón. En su megalomanía no escatimó en medios para volver a generar falsas expectativas entre la sociedad española en torno a un proyecto que en realidad era el suyo particular. Los madrileños y, en general, los españoles avanzaron al compás de las necesidades del alcalde de la capital y es en él en quien deben centrarse las responsabilidades de este fracaso. No otra cosa cabe decir de un programa tan personalista que llegó a subordinar la arquitectura, las ilusiones y la prosperidad de toda una ciudad a la financiación de la campaña electoral de Gallardón para las primarias y las generales.

Porque, no conviene olvidarlo, Madrid 2016 también iba en contra del sentido económico más básico. En medio de la crisis económica más grave de los últimos 80 años, no era de recibo que un municipio que acumula una deuda de 7.000 millones de euros –el 25% de toda la deuda de las ciudades españolas y nueve veces superior a la del siguiente consistorio más endeudado, Valencia– gracias a que el propio Gallardón se ha encargado de multiplicarla por cinco desde 2004, concertara todavía más obligaciones que, en su inmensa mayoría, no suelen terminar recuperándose. Simplemente es un lujo que, tras años de manirrota administración de Gallardón, los madrileños –y por extensión los españoles– no se podían permitir en estos momentos. En otro contexto y con otros niveles de deuda, posiblemente; pero en los actuales habría sido todo un suicidio para las arcas públicas.

Pero pese a las pocas probabilidades con las que contaba Madrid y a sus deterioradas cuentas, el alcalde tampoco se autolimitó a la hora de realizar cuantos fastuosos desembolsos fueran necesarios para ingresar las olimpiadas dentro de su activo político. Y ahora, tras soportar unos cuantiosos gastos promocionales que han terminado cayendo en saco roto, ¿quién va a asumir tan desproporcionados costes?

Pocas dudas caben de que quienes cargarán con el pago monetario de los mismos serán los españoles y, sobre todo, los madrileños. Pero habría que ir más allá. Los gestores empresariales que sistemáticamente despilfarran el dinero de los accionistas y que además fracasan en sus propósitos, suelen replantearse su papel dentro de la empresa o, en caso contrario, son los propios accionistas quienes los mueven a la reflexión. En este caso, el propio Gallardón prometió asumir las correspondientes responsabilidades si Madrid no salía elegida: y no era para menos, dado que como decimos fue un envite personal subordinado a sus objetivos políticos. Así las cosas, va siendo hora de que cumpla con su palabra.
LIBERTAD DIGITAL

UN CEREBRO CENTENARIO

octubre 3, 2009

El 22 de abril cumplió 100 años Rita Levi-Montalcini. La científica italiana, premio Nobel de Medicina, soltera y feminista perpetua -“yo soy mi propio marido”, dijo siempre- y senadora vitalicia produce todavía más fascinación cuando se la conoce de cerca. Apenas oye y ve con dificultad, pero no para: investiga, da conferencias, ayuda a los menos favorecidos, y conversa y recuerda con lucidez asombrosa.
Sobrada de carácter, deja ver su coquetería en las preciosas joyas que luce, un brazalete que hizo ella misma para su gemela Paola, el anillo de pedida de su madre, un espléndido broche también diseñado por ella. Desde sus ojos verdes vivísimos, Levi-Montalcini escruta a un reducido grupo de periodistas en la sede de su fundación romana, donde cada tarde impulsa programas de educación para las mujeres africanas.
Por las mañanas visita el European Brain Research Institute, el instituto que creó en Roma, y supervisa los experimentos de “un grupo de estupendas científicas jóvenes, todas mujeres”, que siguen aprendiendo cosas sobre la molécula proteica llamada Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), que ella descubrió en 1951 y que juega un papel esencial en la multiplicación de las células, y sobre el cerebro, su gran especialidad. “Son todas féminas, sí, y eso demuestra que el talento no tiene sexo. Mujeres y hombres tenemos idéntica capacidad mental”, dice.
Con ella está, desde hace 40 años, su mano derecha, Giuseppina Tripodi, con quien acaba de publicar un libro de memorias, La clepsidra de una vida, síntesis de su apasionante historia: su nacimiento en Turín dentro de una familia de origen sefardí, la decisión precoz de estudiar y no casarse para no repetir el modelo de su madre, sometida al “dominio victoriano” del padre; el fascismo y las leyes raciales de Mussolini que le obligaron a huir a Bélgica y a dejar la universidad; sus años de trabajo como zoóloga en Misuri (Estados Unidos), el premio en Estocolmo -“ese asunto que me hizo feliz pero famosa”-, sus lecturas y sus amigos (Kafka, Calvino, el íntimo Primo Levi), hasta llegar al presente.
Sigue viviendo a fondo, come una sola vez al día y duerme tres horas. Su actitud científica y vital sigue siendo de izquierdas. Pura cuestión de raciocinio, explica, porque la culpa de las grandes desdichas de la humanidad la tiene el hemisferio derecho del cerebro. “Es la parte instintiva, la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la zona a la que apelan los dictadores para que las masas les sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese hemisferio que desconfía del diferente”.
Laica y rigurosa, apoya sin rodeos el testamento biológico y la eutanasia. Y no teme a la muerte. “Es lo natural, llegará un día pero no matará lo que hice. Sólo acabará con mi cuerpo”. Para su centenario, la profesora no quiere regalos, fiestas ni honores. Ese día dará una conferencia sobre el cerebro.

¿Cómo es la vida a los cien años?
Estupenda. Sólo oigo con audífono y veo poco, pero el cerebro sigue funcionando. Mejor que nunca. Acumulas experiencias y aprendes a descartar lo que no sirve.
¿Se arrepiente de no haber tenido hijos?
No. Era adolescente cuando decidí que nunca me casaría. Nunca habría obedecido a un hombre como mi madre obedecía a mi padre.
¿Recuerda el momento en que decidió estudiar? ¿Qué dijo su padre?
Era el periodo victoriano. Mi padre era una persona de gran valor intelectual y moral, pero un victoriano. Desde niña estaba contra eso, porque veía a mi padre dominar todo, y decidí que no quería estar en un segundo plano como mi madre, a la que adoraba. Ella no mandaba. Dije a mi padre que no quería ser ni madre ni esposa, que quería ser científica y dedicarme a los otros, utilizar las poquísimas capacidades que tenía para ayudar a los que necesitaban. Que quería ser médica y ayudar a los que sufrían. Él me dijo: “No lo apruebo pero no puedo impedírtelo”.
¿Qué momentos de su vida han sido más emocionantes?
El descubrimiento que hice, que hoy es más importante que entonces. Cuando cada experimento confirmaba mi hipótesis, que iba completamente contra los dogmas de ese tiempo, viví momentos emocionantes. Quizás el más emocionante. Por el resto, el reconocimiento de Estocolmo me dio mucho placer, claro, pero fue menos emocionante.
Su tesis demostró que, de los dos hemisferios del cerebro, uno está menos desarrollado que el otro.
Sí, el cerebro límbico, el hemisferio derecho, no ha tenido un desarrollo somático ni funcional. Y, desgraciadamente, todavía hoy predomina sobre el otro. Todo lo que pasa en las grandes tragedias se debe al hecho de que este cerebro arcaico domina al de la verdadera razón. Por eso debemos estar alerta. Hoy puede ser el fin de la humanidad. En todas las grandes tragedias se camufla la inteligencia y el razonamiento con ese instinto de bajo nivel. Los regímenes totalitarios de Mussolini, Hitler y Stalin convencieron a las poblaciones con ese raciocinio, que es puro instinto y surge en el origen de la vida de los vertebrados, pero que no tiene que ver con el razonamiento. El peligro es que aquello que salvó al australopithecus cuando bajó del árbol siga predominando.
En cien años usted ha conocido esos totalitarismos. ¿Cómo se puede evitar que vuelvan?
Hay que comenzar en la infancia, con la educación. El comportamiento humano no es genético sino epigenético, el niño de dos o tres años asume el ambiente en el que vive, y también el odio por el diferente y todas esas cosas atroces que han pasado y que pasan todavía.
¿Qué aprendió de sus padres? ¿Qué valores le transmitieron?
Lo más importante era comportarse de una manera razonable, saber lo que vale de verdad. Tener un comportamiento riguroso y bueno, pero sin la idea del premio o el castigo. No existía la idea del cielo y el infierno. Éramos religiosos, pero la actitud ante la vida no tenía que ver con la religión. Existía el sentido del deber, pero sin compensación post mortem. Debíamos comportarnos bien, eso era una obligación. Entonces no se hablaba de genética, pero era ese espíritu. Sin premio ni miedo.
Su origen es sefardí. ¿Hablaban español en casa?
No, nunca tuvimos mucha relación con esa lengua. Sabíamos que veníamos de la parte sefardí y no de la askenazi, pero no se hablaba de ello, no nos importaba mucho ser de una u otra. Spinoza me hacía feliz, era un gran referente cultural, y todo lo que sabíamos procedía de los grandes pensadores hebreos, pero no había un sentido de orgullo, de ser mejores, nunca pensamos así.
¿Basta un siglo para comprender a Italia?
Es un país maravilloso, por el clima, por la historia del Renacimiento, y por sus enormes contribuciones, su historia formidable de capacidad y descubrimientos. Me sentí siempre judía e italiana, las dos cosas al 100%. No veía dificultad en eso.
¿Cómo ve a Italia hoy?
Tiene un fortísimo capital humano, capacidad innovadora y de convivencia, orgullo del pasado, y no se siente demasiado afectada por las cosas negativas, como la mafia. Siempre sentí que era un país del que era una suerte formar parte y haber nacido. Ser italianos era parte de nosotros, nadie nos preguntaba si éramos italianos o no. También era una suerte ser judía. No conocí la Biblia, no tuve una educación religiosa, y me reflejaba en el capital artístico y moral italiano y judío. No pertenecí a una pequeña minoría perseguida, sabía que eso ocurría, pero no me sentía parte de ello. Desde niña me sentía igual que los demás. Cuando me preguntaban “¿cuál es tu religión?”, contestaba: “Yo, librepensadora”, y nadie sabía qué era eso. Y tu padre qué es: ingeniero.
¿Cómo vivió el fascismo?
No siento rencor personal. Sin las leyes raciales, que determinaron que los judíos éramos una raza inferior, no hubiera tenido que recluirme en mi habitación para trabajar, en Turín y luego en Asti. Pero nunca me sentí inferior.
¿Así que no sintió miedo?
Miedo, no; desprecio y odio sí, netamente por Mussolini. A mi profesor Giuseppe Levi lo seguí paso a paso y era feliz por lo que él valientemente osaba hacer y decir. Nunca sentí la persecución porque mis compañeros de universidad católicos me consideraban igual. Y no tuve sensación de peligro. Cuando empezaron las persecuciones, eran tan inmundas las cosas que se decían que no me daba por aludida. Estaba ya licenciada en 1936, había estudiado con Renato Dulbecco, católico, y Salvatore Luria, judío, y no tenía sensación de ser distinta.
¿Cree que hay peligro de que vuelva el fascismo?
Sí, en los momentos críticos prevalece más la componente instintiva del cerebro, que se camufla de raciocinio y anima a los jóvenes a razonar como si fueran parte de una raza superior.
¿Ha seguido la polémica sobre el Papa, los preservativos y el sida?
No comparto lo que ha dicho.
¿Y qué piensa del poder que tiene la Iglesia? ¿Es demasiado?
Sí. Fui la primera mujer admitida en la Academia Pontificia y tuve una buena relación con Pablo VI y con Wojtyla, también con Ratzinger, aunque menos profunda que con Pablo VI, al que estimaba mucho. No la tuve en cambio con aquel considerado el Papa Bueno, Roncalli (Juan XXIII), que para mí no era bueno, porque era muy amigo de Mussolini y cuando comenzaron las leyes antifascistas dijo que había hecho un gran bien a Italia.
¿Ha cambiado mucho su pensamiento a lo largo de la vida?
Poco, poco. Siempre pensé que la mujer estaba destruida porque el hombre imponía su poder por la fuerza física y no por la mental. Y con la fuerza física puedes ser maletero, pero no un genio. Lo pienso todavía.
¿Le importó alguna vez la gloria?
Para mí, la medicina era la forma de ayudar a los que no tenían la suerte de vivir en una familia de alto nivel cultural como la mía. Esa línea recta no ha cambiado. La actividad científica y la social son la misma cosa. La ayuda a las mujeres africanas y la medicina son lo mismo.
¿El cerebro sigue siendo un misterio?
No. Ahora es mucho menos misterioso. El desarrollo de la ciencia es formidable, sabemos cómo funciona desde el lado científico y tecnológico. Su estudio ya no es un privilegio de los expertos en anatomía, fisiología o comportamiento. Los anatomistas no han hecho gran cosa, quitando algunos. Ahora ya no hay barreras. Físicos, matemáticos, informáticos, bioquímicos y biomoleculares, todos aportan cosas nuevas. Y eso abre posibilidades a nuevos descubrimientos cada día. Yo misma, a los 100 años, sigo haciendo descubrimientos que creo importantes sobre el funcionamiento del factor que descubrí hace más de 50 años.
¿Hará fiesta de cumpleaños?
No, me gustaría ser olvidada, ésa es mi esperanza. No hay culpa ni mérito en cumplir 100 años. Puedo decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no. Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los 20 años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de vivir…
Díganos el secreto.
La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.
¿Está preparada?
No hace falta. Morir es lógico.
¿Cuánto desearía vivir?
El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Cuando ya no pueda pensar, quiero que me ayuden a morir con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana.

EL VOCABULARIO DE CHAVEZ

octubre 3, 2009

Un corresponsal de la BBC le preguntó en directo: “¿Por qué gasta el dinero del petróleo venezolano en el exterior y no en Venezuela?” a lo cual el Presidente, encolerizado, respondió: “La pregunta es una estupidez y no voy a contestarla porque no contesto estupideces y si respondiera sería también un estúpido“, remachando: “Esta pregunta sólo se le puede ocurrir a un estúpido“.

En un viaje a Nicaragua, a quien perdonó la deuda de 33,3 millones de dólares que mantenía con Venezuela y otorgó créditos por 5,4 millones de dólares a diversas empresas nicaragüenses, arremetió contra los opositores de ese país a quienes llamó “loros y lacayos”.

En enero de 2007 se despachó contra el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, calificándole de “pendejo desde la p hasta la o” y, haciendo chistes con su apellido, “insulso”, y le recomendó dimitir.

El presidente estadounidense, George W. Bush, recibe lo más granado de su florilegio verbal. En el estrado de la ONU le llamó “diablo”, ”tirano” y ”mentiroso”, y dijo, refiriéndose a él: “Ayer el diablo estuvo aquí, aún huele a azufre” tras criticar su política exterior y acusar a la CIA del asesinato de un ex ministro de Allende. En una visita a Harlem continuó con la traca llamándole “alcohólico”, “enfermo” y “acomplejado”, concluyendo con su pena por los Estados Unidos que tienen “el diablo en casa”. La prensa de Estados Unidos le dedica lindezas como “payaso destacado” o “proxeneta del petróleo”.

Como era de esperar, el ex primer ministro británico Tony Blair, gran amigo de Bush, también recibió su correspondiente salva. Fue calificado por el venezonlano de “inmoral”, “sinvergüenza” y “peón de Washington” por haberle instado instado a “acatar las reglas de la comunidad internacional”. Le llamó también “el principal aliado de Hitler-Danger-Bush, el genocida y asesino número uno que hay en este planeta”.

A la Consejera estadounidense de Seguridad, Condoleeza Rice, la calificó de “analfabeta”, durante un acto oficial celebrado en Caracas en 2004. Dijo de ella además que “disparó su artillería indigna contra nuestro pueblo”, por decir que “Chávez no debe oponerse al referéndum revocatorio”.

En 2006 llamó “canalla, tahúr y ladrón” al entonces candidato a la presidencia de Perú, Alan García. Éste entró al trapo llamándole “sinvergüenza” y “chico malcriado”.

Tras criticar a García, arremetió contra Alejandro Toledo, entonces presidente de Perú, afirmando que ambos eran “caimanes del mismo pozo” y amenazó con retirar a su embajador del país andino.

El anterior presidente mexicano, Vicente Fox, fue calificado de “cachorro del imperio” y “entreguista a EEUU”, en la polémica entre ambos por la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), iniciativa impulsada por USA.

Hugo Chávez se refirió al actual presidente mexicano Calderón como “ese caballerito”, lo tildó de “gran ignorante” y también lo llamó “burro”. Calderón replicó llamando a Chávez un “valentón”. Todo por un supuesto error de la agencia de noticias DPA, que habría confundido a Calderón con Bush.

Resulta que existe también un “anti-Chavez”, el ex-ministro de Interior colombiano, Fernando Londoño Hoyos, quien arremete habitualmente contra él con su verbo cáustico y habitual desprecio por el mandatario venezolano. Desde el vecino país, Londoño le califica a menudo como “mono peligroso” y “con ametralladora”, y utiliza su zoológica metáfora para equiparar a Chávez con los más temibles dictadores.

Claro es que su propio pueblo no se salva de Chávez. Dijo de unos obispos que criticaban su reforma constitucional: “Nos da vergüenza esos obispos que tenemos. Con qué tristeza los oía. Que Dios los perdone por su ignorancia, por su insensatez”, Además les acusó de “golpistas” y de ser responsables de “la masacre contra el pueblo”. Al cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga lo llamó “payaso imperialista”.

A unos estudiantes que protestaban contra él los llamó “loquitos” y “desesperaditos”.

También arremetió contra su ex ministro de Defensa, Raúl Baduel, al que llamó “traidor y peón de la derecha”.

Uno de los más célebres intercambios de insultos lo progonizó con el dirigente sindical Carlos Ortega. Chávez aludió al “fracaso” opositor y a su “victoria”, tras una huelga general, cuyos promotores “deberían estar en prisión por saboteadores, fascistas, inmorales y delincuentes”, añadiendo: “A nombre de los trabajadores, estos capos lo que hacen es mancharles el honor. Ortega es presidente ilegítimo de una directiva de la CTV conformada por bandidos, capos y fascistas”.

Su última y conocida hazaña fue llamar “fascista” al ex presidente español José María Aznar. Ya había tenido roces con él cuando éste reconoció el golpe de Estado de Pedro Carmona en Venezuela en 2002. Pero genio y figura: nada más al bajarse del avión que le dejaba en Santiago de Chile, había dedicado una florecita a la presidenta Bachelet, diciéndole que su propuesta de la “Cohesión Social”, como tema central de esta cita internacional era una falacia y que debería llamarse “transformación social”.