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EL MODUS OPERANDI DEL CANCER

noviembre 9, 2010

En el día a día nos solemos referir al cáncer como si fuera un único ente, una única enfermedad. Nada más lejos: el cáncer es la agrupación de más de 200 enfermedades distintas que comparten un nexo fundamental e importantísimo: Como si de una mafia se tratara, su modus operandi es común. Pero, ¿cuáles son esos comportamientos esenciales y tan característicos que nos permiten reconocer al cáncer?
En la investigación sobre el cáncer existen dos visiones perfectamente complementarias entre sí a la hora de conocerlo y combatirlo más de cerca. Por un lado, se investiga en qué se distingue un tipo específico de cáncer (por ejemplo, el cáncer de pulmón de células pequeñas) del resto de cánceres: ¿Cuáles son sus puntos de identidad particulares, sus debilidades, su forma, sus componentes y señales…? Básicamente, se trata de realizar un retrato robot lo más personalizado posible. Esto resulta imprescindible para que, al realizar las pruebas diagnósticas oportunas, podamos identificarlo de inmediato y, justo después de eso, lanzar un ataque lo más selectivo y personalizado posible para minimizar el daño en el cuerpo humano durante el combate.

Puede que ahora nos parezca muy lejano, pero hace apenas unas cuantas décadas, prácticamente todas las enfermedades cancerosas se trataban como si fueran iguales. En la actualidad, ya no existe ningún cáncer cuyo tratamiento no esté personalizado en mayor o menor grado y cada vez se tiende a un mayor refinamiento.

La otra visión para acercarse al cáncer es estudiarlo en su conjunto, como un todo: ¿Qué es lo que distingue a la mafia del cáncer del resto de las inofensivas células del cuerpo humano? ¿Cómo actúan y qué tienen en común? En definitiva, ¿cuál es su modus operandi?

Hace alrededor de 10 años se publicó en Cell un artículo que marcaría un antes y un después en nuestra comprensión del cáncer en su conjunto, se trataba de “The Hallmarks of Cancer“ (Los distintivos del cáncer). Los autores ponían en común los comportamientos exclusivos que se conocían sobre el cáncer. Estas formas de actuar son básicamente seis:

Fuente: Genentech
1. Potencial ilimitado de replicación. Las células cancerosas son inmortales (que no invulnerables), en el sentido de que pueden multiplicarse durante toda la eternidad si tienen las condiciones necesarias para ello. Por el contrario, las células normales sólo pueden multiplicarse un número limitado de veces. Es este potencial de replicación eterno lo que termina convirtiendo al cáncer en un monstruo que crece sin control.

2. Invasión de tejidos y metástasis. El cáncer no sólo crece sino que también invade a otras regiones del cuerpo cuando tiene la oportunidad para ello y las coloniza sin respetar para nada a los nativos. Si el viaje es corto, invade a los tejidos contiguos, pero si es largo y se utilizan como transporte la sangre o la vía linfática, se pueden invadir tejidos lejanos, es lo que llamamos metástasis. El cáncer tiene una habilidad especial para “soltarse” de un tejido, salir al torrente sanguíneo, viajar durante un tiempo y asentarse y adaptarse sin mucha dificultad a un terreno totalmente distinto del que procedía.

3. Evasión de la apoptosis (muerte celular programada). La apoptosis es el suicidio celular que nos mantiene con vida. Nuestras células están programadas para quitarse la vida cuando son demasiado viejas o funcionan demasiado mal. Sin embargo, de cuando en cuando, una célula reniega de este destino y se escapa de la apoptosis. En origen, una célula cancerosa es una célula averiada que debería haberse suicidado en su momento. Al saltarse este paso obtuvo vía libre para transformarse y funcionar mal sin restricciones.

4. Angiogénesis (formación de vasos) continua. El cáncer es un monstruo que no para de crecer, pero para ello necesita alimento. La multiplicación de las células cancerosas es tan acelerada y desorganizada que terminan por apelotonarse y evitan que las células más alejadas de los vasos sanguíneos (que son los que aportan los nutrientes) pueden alimentarse y sobrevivir. De hecho, es frecuente ver que las zonas más interiores de un tumor terminan estando muertas (necrosadas) por pura y dura inanición, al no recibir el más mínimo aporte sanguíneo. Para intentar paliar este gran inconveniente, las células cancerosas son muy hábiles en mandar determinadas señales químicas para hacer que vayan apareciendo vasos alrededor del tumor y así garantizar la supervivencia del conjunto y poder seguir creciendo.

5. Autosuficiencia en señales de crecimiento. Las células cancerosas poseen la habilidad especial de producir sus propios factores de crecimiento para proliferar independientemente del lugar en el que residan, van a su propio aire. Las células normales, por el contrario, dependen de los factores de crecimiento presentes a su alrededor para crecer o no.

6. Insensibilidad a los inhibidores de crecimiento. De la misma forma que las células del cáncer van a su aire con sus propios factores de crecimiento, también pasan olímpicamente de los inhibidores de crecimiento del ambiente que les “dicen” que paren de crecer. Esta insensibilidad a los inhibidores del crecimiento junto a la autosuficiencia en señales de crecimiento permiten que las células cancerosas tengan libertad absoluta para crecer independientemente del lugar que habiten.

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