Carta a los defensores hipócritas de la cajera

¿Dónde estaban todas esas voces que ahora defienden a ultranza a la cajera cuando se aprobó la Reforma Laboral o cada vez que hay un desahucio? Como ya todos saben, hace unos días, el Sindicato Andaluz de Trabajadores organizó una acción de desobediencia civil en un par de supermercados de Andalucía. Entraron y sacaron varios carros llenos de alimentos de primera necesidad para cederlos a bancos de alimentos y comedores sociales, muy necesitados de tales productos ante el importante aumento de la pobreza, sobre todo en Andalucía. En el momento en que los sindicalistas abandonaban uno de estos establecimientos, una cajera se antepuso en su camino intentando frenar la huída con los carros. Acto seguido, uno de los trabajadores que participaba en la acción empujó a la cajera levemente diciéndole que dejara de defender a quienes más nos están robando y permitiera así la salida pacífica del local. Desde ese momento, las voces de la derecha más recalcitrante –PSOE incluido-, saltaron a la palestra para rechazar la acción en defensa de la ‘pobre e indefensa’ cajera. En primer lugar, me gustaría aclarar varias cosas. Primero, que no justifico ese empujón, algo quizá inevitable en un momento de tensión. Y segundo, no puede hablarse de robo, pues, según la RAE, se cataloga como tal cuando el hurto es en propio beneficio, algo que no ocurre en este caso, pues los alimentos fueron ofrecidos a familias pobres y en situación extrema. Por otro lado, para que sea considerado robo y, por tanto, delito, tiene que haber violencia, algo que, a excepción del susodicho empujón, no hubo, pues ni forzaron la entrada ni hubo altercados a la salida. Pero, ¿dónde estaban todas esas voces que ahora defienden a ultranza a la cajera cuando se aprobó la Reforma Laboral? ¿Dónde están todas esas voces cuando cientos de familias, entre lágrimas, se ven diariamente en la calle porque un banco ejecuta un desahucio gracias a la intervención de las fuerzas del ‘desorden’? Me resulta realmente hipócrita que ahora muchas de esas personas que han permanecido calladas o, peor aún, que han defendido las salvajes actuaciones policiales y los sangrantes recortes que han tenido lugar en este país desde hace meses, salgan ahora a la palestra a decir que se actuó con violencia con esa cajera. ¿Por qué esos mismos periodistas o empresarios que ahora defienden a la cajera se olvidaron de defender a los trabajadores cuando, por ejemplo, se aprobó el despido casi gratuito hace unos meses? ¿Tenéis vosotros idea de lo que es la violencia? Mapa de la corrupción en España Violencia es que los antidisturbios abran la cabeza a decenas de personas por el mero hecho de manifestarse pacíficamente reclamando unos derechos que están siendo vapuleados. Violencia es sacar por la fuerza a una familia de su casa porque no puede hacer frente a la hipoteca, haciéndoles sentir como los más sucios delincuentes. Violencia es atacar salvajemente a miles de jóvenes que reclaman educación pública y de calidad, como ocurrió en Valencia. Violencia es dejar en la calle a cientos de ladrones corruptos como Urdangarín, Camps, Fabra, Carlos Dívar o los responsables de los ERE’s falsos de Andalucía, entre muchos otros, mientras se persigue y se arresta a quienes entraron en el Mercadona. Violencia es que Florentio Pérez pague 49 euros a Hacienda o que se permita al 86% de las empresas del IBEX 35 que operen directamente en paraísos fiscales, estafando miles de millones de euros a las arcas públicas. Violencia es permitir que los bancos españoles sigan estafando a ayuntamientos y comunidades autónomas, prestando dinero a un porcentaje del 7% cuando lo han recibido del BCE a un 1%. Violencia es limitar la sanidad a los inmigrantes. Violencia es multiplicar el precio de las matrículas en las universidades públicas, equiparándolas a las privadas y negando un derecho tan fundamental como la educación a miles de familias por no poder costear tan alto precio gracias al ‘tasazo’ de Esperanza Aguirre, con el apoyo del ministro Wert. Violencia es que mientras los bosques de media España están ardiendo, el presidente del Gobierno esté de vacaciones y el ministro de Medio Ambiente, en los toros. Violencia es que el IVA suba al 21%, lo que supondrá el empobrecimiento de más familias, sin que se toquen los impuestos a los más ricos o a los artículos de lujo, cuyo porcentaje pasó del 33% al 21%. Violencia es que el IVA del material escolar, libros de texto incluidos, o el de la cultura suba del 8 al 21% mientras, por ejemplo, se mantiene reducido el IVA de los toros. Violencia es no prestar atención, o incluso multar, a las miles de familias que se pelean por conseguir los deshechos que el capitalismo vierte en los cubos de basura de sus calles. La solución la han encontrado en Girona: poner candados a los contenedores. Violencia es que los funcionarios sufran los mayores recortes de su historia sin poder ni rechistar. Y no me refiero solo a quienes trabajan en un Ayuntamiento, que son los que siempre pone como ejemplo la derechona más oportunista, sino que también y, especialmente, a los profesores, maestros, médicos, enfermeros o jueces, que, a pesar de realizar una labor encomiable, están viendo como sus emolumentos se reducen considerablemente mientras los de los políticos siguen en continuo crecimiento.

Violencia es permitir que las grandes economías de este país tributen solo un 1% de impuestos gracias a que se acogen a las famosas SICAV, esas sociedades de inversión de capital variable que ellos mismos crearon para no tributar. Violencia es aprobar una amnistía fiscal que va a permitir blanquear dinero a los grandes estafadores y ladrones de este país, sin perseguirles ni encerrarles. Violencia es salvar bancos con dinero público mediante la socialización de pérdidas (24.000 millones a Bankia), mientras se debate si acabar o no con los 426 euros que son los únicos ingresos que perciben miles de familias en este país. Violencia es permitir que un puñado de terratenientes con título nobiliario acaparen la mayor parte de las tierras andaluzas, abandonándolas a su suerte mientras cientos de miles de jornaleros mueren de hambre por no tener tierras donde trabajar. Violencia es no hacer nada para evitar ese 55% de desempleo juvenil que está condenando a toda una generación. Violencia es tener que rendir pleitesía a un jefe déspota que te ofrece 600 euros mensuales por miedo a ser despedido. Violencia es recortar en Ciencia y derechos fundamentales, mientras tenemos a los empresarios mejor pagados de toda Europa. Violencia es permitir que empresas como Inditex (Zara, Bershka, Pull & Bear o Massimo Dutti) sigan explotando a trabajadores en Marruecos o incluso a niños en Brasil o India, donde se les acusa de trabajo esclavo, mientras se publica a bombo y platillo que su fundador, Amancio Ortega es la tercera fortuna mundial con 46.600 millones de dólares. Violencia es aplaudir a estos magnates estafadores que se aprovechan de la explotación a la que someten a sus trabajadores para ver cómo crecen sus ingresos. Ya lo decía Sánchez Gordillo, “el que es muy rico, muy rico, muy rico, es muy ladrón, muy ladrón, muy ladrón”. Para mí, todo eso es violencia. No que un trabajador que lucha por unos derechos dé un empujón a una cajera del Mercadona. Un supermercado que, cabe recordarlo, encierra sus contenedores dentro del establecimiento para que nadie pueda beneficiarse de los productos que tiran por estar a punto de caducar, aunque ellos se escudan en que lo hacen para evitar “malos olores”. Es más, un supermercado que ha llegado incluso a despedir trabajadores del turno de noche por “robar comida” destinada a la basura. Y es que, todos estos defensores de la cajera, no la defienden a ella. Defienden un sistema que les permite enriquecerse a cambio de explotar a sus trabajadores. Un sistema que, por fin, se tambaleó un poco gracias a la acción del Sindicato Andaluz de Trabajadores. Sin embargo, todavía hay muchos ilusos que se creen que esas voces defienden a la cajera. Pero qué vamos a hacer, pues como bien dice el proverbio chino, cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo. Publicado por David Val Palao

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