Archive for the ‘clases’ Category

JOAN LAPORTA, GRACIAS POR EXISTIR

octubre 18, 2009

Quizá a alguno de ustedes, sobre todo si están poco avezados en la intríngulis política, les llame la atención que un hombre de derechas y españolista como yo, dé las gracias a alguien aparentemente tan distinto como el presidente del F.C. Barcelona. Pero verán como no tardarán mucho en entender el motivo de mis congratulaciones, cuando les descubra que en realidad somos casi la misma persona.

Para comenzar, y no es algo superficial en absoluto, los dos somos de clase alta. Yo por nacimiento, él por advenimiento, pero alta al fin y al cabo. Eso nos da una perspectiva que hace que afrontemos la vida de una manera diferente. Vivimos en una especie de atalaya construida por encima de las gentes de clase media y baja, que nos permite divisar la inmensidad del bosque, mientras ustedes luchan por distinguir el mísero árbol que tienen poco más allá.

Ambos somos nacionalistas, él catalán, yo español. Al fin y al cabo una simple diferencia de tamaño (de país, aunque en verdad, y aunque me esté mal decirlo, yo sea bastante más alto que Jan). Pero en esencia, como todos los nacionalistas, pensamos exactamente igual. Los dos nos emocionamos con himnos y banderas, y encontramos la fuerza que guía nuestras vidas en la creencia de que pertenecemos a una comunidad que no sólo nos hace sentir fuertes, si no para la que somos, desde la ya mencionada atalaya, una luz que guía e ilumina a los de abajo (ustedes, para más señas).

Y, porque no reconocerlo, ambos hemos convivido con naturalidad, sin odio ni aspavientos, con el franquismo. Yo desde las raíces mismas de mi partido, él desde la familia. Es motivo de admiración que un catalanista que marcha al frente, antorcha en mano, de un partido en teoría de izquierdas, como Esquerra Republica, hubiera escogido para su junta directiva y para su mesa de Navidad, a un franquista que haría sonrojar con sus ideas a nuestro admirado Presidente Fundador.

Pero no le doy a Jan las gracias por ser como es, si no por el simple hecho de existir. Qué sería de lo que él denomina la “caverna españolista”, si no existiera el pozo catalanista. Sin gente como él, ¿cómo iban ustedes a creerse la amenaza del separatismo? Y sin nosotros ¿qué enemigo se habría de buscar Jan para justificar la terrible opresión en la que vive Cataluña? Nosotros les damos en Cataluña los votos que ellos nos ceden con inmensa generosidad en el resto de España. Y ustedes, sean nacionalistas de un país pequeño o grande, sobre todo no dejen de seguir ciegamente nuestras antorchas, no importa si es una u otra, lo importante es que no se dispersen y les dé por descubrir que se puede vivir en otras zonas del bosque, del bosque que pertenece a los de la atalaya
BORJA MARÍA ZALLANA DE LOS ACEBOS

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ES LA LUCHA DE CLASES , ESTUPIDOS

septiembre 7, 2009

¡Es la lucha de clases, estúpidos!

Si Bill Clinton, durante sus campañas electorales, aplicó la consigna “¡es la economía, estúpidos!”, hoy, la mayoría de los ciudadanos españoles deberían escribir en la cabecera de su cama “¡es la lucha de clases, estúpidos!”
Y digo la mayoría dado que, al menos, el 60% de los españoles percibe remuneraciones por debajo de los mil euros al mes para que los multimillonarios sean cada día más ricos y paguen menos impuestos.

Pero, desgraciadamente, la derecha neocon invierte miles de millones para manipular a la ciudadanía anulando su pensamiento crítico o, simplemente, su pensamiento.

Así, una de las más sangrantes tomaduras de pelo consiste en hacer creer que “todos defendemos idénticos intereses” ya que “hoy en día no puede hablarse de ricos o pobres” pues “la lucha de clases es algo del pasado”, etc.

Según esto, el presidente de la patronal y el pinche del bar, el banquero y la señora de la limpieza, el constructor especulador y el chofer del bus… todos viven en una arcadia donde desaparecieron los intereses contrapuestos y quien alegue lo contrario es un frustrado, un mediocre, un envidioso y, por supuesto, “un progresista trasnochado que ladra su rencor por las esquinas”.
Tras repetirlo miles de veces, el engaño suele funcionar y muchos ciudadanos acaban creyendo que la lucha de clases (o sea, los intereses contrapuestos) es algo “obsoleto” y propio de fracasados “incapaces de forjar su propio destino en una sociedad libre”.

Entonces, curiosamente, la gran patronal comienza a reclamar que los empleados trabajen más horas y por un sueldos más bajos. También exigen rebajas fiscales “para que no se incremente el gasto público”. Incremento que, milagrosamente, no se produciría cuando las ayudas se dirigieran a ellos.

Y, doloroso es reconocerlo, con su estafadora utilización del lenguaje, los neocon nos han tomado varios cuerpos de ventaja. Aquello que los beneficia—aunque perjudique a los trabajadores—se asocia con palabras agradables: bajar los sueldos no es bajar los sueldos, sino “moderación” salarial. Por el contrario, las retribuciones obscenas de los directivos son “incentivos a la producción”. En la misma línea, los derechos consolidados de los trabajadores se motejan de “rigideces” mientras que la ausencia de derechos se etiqueta de “flexibilidad”, “modernización” o “dinamización del mercado”. Los impuestos, lejos de constituir un mecanismo de redistribución y justicia social, se transforman en “presión” fiscal…

Los ejemplos serían numerosos y, por desgracia, resultan muy efectivos en el plan de eclipsar una realidad flagrante: la lucha de clases (los intereses contrapuestos entre sectores sociales) como algo existente, actual y tangible. Los necon han sabido endulzar sus aviesas mentiras, nosotros no hemos sido capaces, por el momento, de transmitir esta palpitante evidencia.

Por ello, en España ha fraguado el cruel engrudo del ideario neocon. Aunque, en cierta medida, es lógico. Somos un país con mente de hidalgo que pasea su “dignidad”… y sus tripas vacías. La mayoría, pomposamente, se autocalifica de “clase media” cuando esto es un engaño maquinado desde arriba… ¡la mayoría de los españoles son o-bre-ros, tra-ba-ja-do-res! Guste o no guste. Pero así es.

Y mientras esa mayoría no reconozca su realidad (“tomar conciencia de clase”, se decía antes) y comience a actuar en consecuencia, el fruto de su trabajo engordará cada día más las arcas de los millonarios. Dicho de otro modo, las dificultades para llegar a fin de mes, afrontar los gastos escolares, de vivienda, de transporte, etc, son la consecuencia de los regales fiscales a los ricos (perdón, me habían dicho que ya no existen), supresión de impuestos, fraude fiscal, “flexibilidad” laboral…
En conclusión, ¡es la lucha de clase, estúpidos!, y mientras se camine con ínfulas de noble arruinado o “clase media” a la mayoría le seguirán robando la cartera mientras le palmean la espalda. Las carcajadas de los sectores sociales altos ya no se escucharán. Se disimulan. De momento.

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
www.gustavovidalmanzanares.blogspot.com