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España tiene el Índice de Miseria más alto de toda la Unión Europea

julio 17, 2012

El Índice de Miseria, un indicador que mide el grado de deterioro de los niveles de vida reales de la población, alcanza en España un promedio del 26,4%. Según este dato, España tiene la población más empobrecida de todos los 27 países que conforman la Unión Europea.

El informe, realizado por de la Asociación de Grandes Empresas de Trabajo Temporal (Agett), constata que existen grandes diferencias internas entre las comunidades autónomas, ya que hay 3 territorios, Andalucía, Extremadura y Canarias cuya tasa supera el 30 por ciento. El estudio, que cruza las tasas de paro e inflación para conocer el deterioro de los niveles de vida de los ciudadanos, destaca que la tasa se ha incrementado un 15,5% en cinco años, ya que en 2007 se calculaba en un 10,89 por ciento. No obstante, se prevé que este dato empeore de manera aguda en los próximos meses, cuando toda la crudeza de los hachazos a prestaciones y derechos que está aprobando el Gobierno, se pongan en vigor y ejerzan todo su influjo negativo sobre la vida de las personas, especialmente, por supuesto, sobre los más desfavorecidos. El aumento, según explica, se debe al crecimiento del paro, (ha subido casi 16 puntos desde entonces), ya que la inflación se ha reducido un 0,47 por ciento. En esta línea, en el último año el índice ha avanzado un 1,62 por ciento, porque el paro creció 3,15 puntos y la inflación cayó un 1,53% La variable del desempleo hace que España registre el mayor índice de miseria de toda la Unión Europea (27 países) con casi 13 puntos porcentuales más que la media comunitaria, fijada en un 13,5%. Le siguen Grecia (24,1%), Letonia (19,6%), Portugal (18,5%), Eslovaquia (18,4%) y Lituania (18,1%). Austria, Holanda, Malta y Alemania tienen los índices más bajos (no llegan al 9%). Por comunidades autónomas, se aprecian “diferencias abrumadoras” en el índice de miseria. Andalucía es, con diferencia, la que registra la mayor tasa, con un 34,8 por ciento. Le siguen Extremadura, donde el índice está en un 33,8% y Canarias, con un 33,7 por ciento. También por encima de la media nacional se encuentran Baleares, con un índice del 29,8 por ciento; la Comunidad Valenciana, donde la tasa llega al 29,3 por ciento; Castilla-La Mancha, que registra un 29,2% y Murcia, con un 28,7 por ciento. En el lado opuesto se encuentra País Vasco, que tiene una tasa del 15,5 por ciento, casi diez puntos por debajo de la media nacional. La situación también es más favorable en Navarra, donde el índice es del 18,6% y en Cantabria y Aragón, regiones que registran un 20,4 por ciento. “Evidentemente, las enormes diferencias que existen entre los Índices de Miseria entre unas comunidades autónomas y otras radica esencialmente en el deterioro del mercado de trabajo, ya que la inflación se mantiene más o menos estable en todo el país”, explica el informe. Atendiendo a la evolución, sólo Aragón y Murcia han mejorado las tasas respecto del primer trimestre de 2011, con reducciones en torno al uno por ciento. Por contra, en Extremadura la miseria ha avanzado un 5,2%; en Castilla-La Mancha, un 3,4 por ciento y en La Rioja ha crecido un 3,2.

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Manual para entender los rescates y cómo van a ayudar a nuestra banca

junio 10, 2012

No se pierda esta guía para entender de dónde viene esta crisis, cómo Europa va a ayudarnos a limpiar el agujero de la banca y qué puede pasar a partir de ahora.

¿Por qué empiezan los rescates?

La Unión Europea le ha cogido el gusto a eso de rescatar países. Empezó con Grecia después de haber afirmado en cientos de ocasiones que nunca habría un salvamento… Y ya lleva tres. En Atenas, el Gobierno gastaba y gastaba al tiempo que sus ciudadanos evadían impuestos. Los irlandeses se vieron arrastrados por una banca que había adquirido siete veces el tamaño del país, un caso de ingeniería financiera que llevó a la nación más pobre de la eurozona a convertirse en la más rica… y rescatada. La escasa industria de Portugal se basaba en fabricar las mismas cosas que ahora los chinos hacen mucho más barato. Incapaz de crecer ni siquiera durante la bonanza, a nadie extrañó que Lisboa fuese el siguiente en tirar la toalla.

Como fichas de un dominó absurdo, los países se ven abocados a los rescates porque han acumulado años de desequilibrios financieros y por tanto deudas. Antes de la crisis, el dinero iba adonde obtenía los mayores rendimientos, y las economías de la periferia europea avanzaban en un Fórmula 1… prestado. En cuanto el miedo caló hasta el tuétano de los inversores, éstos llegaron rápidamente a la conclusión de que las economías del sur de Europa nunca podrían devolver la deuda en un nuevo escenario de crecimientos estancados. El dinero vuelve a su casa, es decir, a los países que tienen los excedentes de ahorro como Alemania, y eso deja a los demás sin capacidad para refinanciar su deuda. Al final, la periferia ha de gritar auxilio.

¿Por qué no funcionan los planes de salvamento?

Einstein decía que la locura consiste en hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados distintos. Los rescates de Grecia, Portugal e Irlanda no funcionan porque soportan unos ajustes muy duros y rápidos, con unos préstamos a tipos de interés más altos de lo que crecen las economías y que, por tanto, no pueden pagar. Para colmo, los créditos del salvamento tienen prioridad sobre los acreedores privados, lo que significa que en el caso de una quiebra cobran primero los rescatadores oficiales (el FMI, el BCE y la UE); y el resto asume las pérdidas del impago, como ya ha ocurrido en Grecia. Por eso, cuando los bomberos tiran abajo la puerta, los inversores se agolpan para huir por ella. Al final, los flotadores sólo sirven para financiar la salida de los prestamistas privados que venden su deuda… precisamente a los rescatadores.

Sin embargo, el paciente europeo ha dado señales de recobrar la cordura a fuerza de shocks financieros. A unos meses de las elecciones estadounidenses y con la economía norteamericana empantanada por la incertidumbre europea, el mismísimo presidente de Estados Unidos ha censurado la política de recortes y más recortes. Obama ha afirmado que las reformas de la periferia europea precisan tiempo y que, a corto plazo, hay que inyectar dinero a los bancos débiles. Y todo ello resulta esencial para entender cómo van a rescatar a España…

¿Realmente necesitaba España la ayuda del exterior?

El Gobierno cuenta con recursos al menos hasta octubre. Aunque los intereses se le encarecen, está colocando sus emisiones de bonos y su deuda permanece en niveles razonables, en torno al 80 por ciento del PIB. Por otro lado, el Banco Central Europeo, con su capacidad ilimitada para imprimir billetes, ha estado prestando a las entidades cuanta liquidez hayan necesitado. Sin embargo, las dudas continúan azotando a los mercados. Eso implica que los capitales se escapan y que la economía real no tiene financiación, con lo que la espiral recesiva se agudiza. Cargada de deuda pública, Italia también inspira desconfianza. Y los comicios helenos podrían provocar un pánico bancario: en cuanto se crea que Grecia va a salir de la eurozona, los inversores considerarán que el resto puede seguirle. Y si los ciudadanos acaban pensando que un euro en Berlín valdrá más que uno en Madrid o Roma al romperse la moneda única, entonces sacarán su dinero y lo llevarán a Alemania o Estados Unidos. Por esa razón, la Unión Europea ultima la creación de un fondo paneuropeo que garantice todos los depósitos, ligado a una supervisión bancaria única y un mecanismo de intervención de entidades en dificultades. Sin embargo, esta iniciativa tardará en desarrollarse. Y ahora hay que prepararse para la cadena de eventos que las elecciones helenas pueden ocasionar.

De ahí que estadounidenses, alemanes e, incluso, el BCE hayan presionado a España para que solicite ya un rescate de su banca que disipe todas las dudas sobre nuestro sistema financiero e impida un contagio aún mayor fruto de la inestabilidad en Grecia. El Ejecutivo de Rajoy no quería precipitarse. Pedía tiempo hasta que se conociesen las auditorías a la banca encargadas a dos consultoras independientes, Oliver Wyman y Roland Berger, y así negociar con los datos en la mano. Pero no ha podido ser. El FMI ha adelantado la publicación de su informe cifrando las necesidades de capital en un mínimo de 40.000 millones. Y con ese importe sobre la mesa, los ministros de Finanzas europeos han obligado a España a recibir ‘ipso facto’ la ayuda a la banca.

¿Por qué se pone dinero para la banca?

El volumen de los vencimientos de deuda españoles supera cualquier fondo de rescate que Europa pueda o esté dispuesta a desembolsar. Así que sale mucho más barato hacer una operación quirúrgica y concentrarse allá donde están las mayores goteras. Según este análisis, España no tiene un problema de deuda pública. Su losa consiste en unos niveles de endeudamiento privado harto elevados. Por un lado, las familias deben sobre el 180 por ciento del PIB, con buena parte de esos recursos aprisionados en unos pisos difíciles de vender y cuyos precios se desploman. Por otro, las empresas han recibido financiación por valor del 120 por ciento del PIB y ya no producen los beneficios de antaño. Y la banca es quien ha prestado casi todo. Las entidades captaron del exterior los capitales canalizando la toma de endeudamiento, y ahora padecen los impagos y la morosidad de una economía en caída libre, de modo que los inversores no se fían del sistema financiero español. Se preguntan cómo nuestros bancos van a recuperar todos los préstamos en un país con un abultado inventario de viviendas y suelo que no se vende y una tasa de paro superior al 20 por ciento. Y lo peor estriba en que estas entidades, como las de todo el mundo, precisan de los mercados mayoristas para seguir pedaleando sobre la bicicleta: daban todo el crédito a largo plazo, pero se financiaban a corto porque ganaban mucho dinero con la diferencia de intereses. Y ahora los mercados les niegan la gasolina para seguir operando. Falta la liquidez y se tornan insolventes, como sucedió con Lehman. Por eso, si afloran todas las pérdidas y se recapitalizan, pueden recuperar la salud, volver a los mercados inspirando confianza y financiarse a unos tipos aceptables que se trasladarán a todo el país, alejando el miedo a que España sea otra Irlanda derrumbada por sus bancos. La diferencia en el coste al que toman prestado Alemania y España, la tan familiar ahora prima de riesgo, se rebajaría. Aunque muy lentamente, el crédito se puede restablecer y permitir que se abran nuevos negocios y se genere empleo.

¿Cómo se va a inyectar el dinero a las entidades?

Todo ha de ejecutarse con sumo cuidado en las formas. Es esencial que los inversores nunca crean que perderán parte del dinero que han puesto y por lo tanto huyan de España; esto es, los hombres de negro han de aparecer disfrazados. Como en la película protagonizada por Will Smith, tienen que limpiar sin que nadie se dé cuenta de que han pasado por aquí. Parecerá un accidente… bancario. Y gracias a ello Europa no va a imponernos de inmediato más medidas de austeridad, sino que sólo enunciará un listado de condiciones para los bancos. Europa abrirá una línea de crédito de hasta 100.000 millones, bien a través del fondo temporal de rescate, el Fondo Europeo de Estabilización Financiera, o bien a través del permanente, el Mecanismo Europeo de Estabilización, que entra en vigor en julio. Estos vehículos prestarán a unos tipos más baratos de los que se financia el Reino de España al Fondo de Restructuración Financiera Bancaria, el Frob. A su vez, éste inyectara capital en las entidades conforme declaren el deterioro de sus carteras. A cambio, los bancos habrán de poner coto a las retribuciones de sus directivos; aumentar provisiones; cerrar sucursales y despedir empleados; vender activos inmobiliarios, participaciones accionariales y filiales. Por supuesto, los políticos cederán a Europa parte de la supervisión de nuestras entidades.

¿Qué nos va a costar?

Los depositantes están protegidos. De hecho, lo estarán aún más cuando el capital de los bancos se haya reforzado y Europa acuerde el fondo de garantía de depósitos paneuropeo. El acreedor en principio también se encuentra blindado. Pero el accionista puede ver cómo se suprime el dividendo y sus títulos se diluyen y pierden valor.

Al recurrir a un instrumento estatal como el Frob para rescatar a la banca, el Estado elevará su deuda, con un coste entre el 6 y el 12 por ciento del PIB, unas cotas menores que las de Irlanda, que ha empleado más del 30 por ciento del PIB, y Alemania, que ha inyectado un 15. Si además las entidades no consiguen devolver los recursos, algo bastante normal en el contexto de una economía en crisis, entonces los préstamos se convertirán en acciones de los bancos y buena parte del sector financiero se nacionalizará hasta que la inflación o el crecimiento impulsen las cotizaciones y el Gobierno pueda desinvertir. En ese supuesto, el Tesoro español, es decir, los ciudadanos, podrían tener que sufragar los intereses.

Aunque no se trate de un rescate al uso, lo más seguro es que por otra parte Berlín se asegure la devolución de los créditos. Y el garante último es el Estado español, de modo que la Comisión nos exigirá más medidas presupuestarias según compruebe nuestro grado de cumplimiento. Es muy probable que nos pidan recortes en las pensiones, dado el envejecimiento de la población; en la prestación por desempleo, para incentivar la búsqueda de trabajo y aligerar la carga presupuestaria; copagos en los servicios públicos; el fin de la deducción por compra de vivienda y, evidentemente, subir el IVA ahora que sólo recaudamos en impuestos el 35 por ciento del PIB, una cantidad inferior al 40 por ciento de Grecia, 45 de Alemania y 50 de Francia. Después del baile de cifras de déficit, también nos impondrán mecanismos más estrictos con el fin de controlar a las comunidades autónomas y un consejo de política fiscal independiente que inspeccione las cuentas públicas.

¿Y ahora qué?

Existen dos posibilidades. La interpretación de la prensa financiera internacional pesa mucho, y pueden venderlo como un rescate parcial que acabará siendo total conforme se observe que la economía no crece, los préstamos a los bancos no se devuelven y el Estado termina como consecuencia endilgado con más intereses y deuda que abonar. En especial, si surgen dañadas más entidades de un tamaño considerable. Pero la posibilidad más barajada es que en un primer momento el mercado lo celebre y se alivie la tensión en la prima de riesgo. De hecho, las alzas de los mercados durante la última semana obedecen a que se esperaba esta ayuda y que Europa por fin presentará a finales de mes un calendario hacia la unión bancaria y, quizás, fiscal. Mientras la integración europea no se complete, España soportará sola su particular crisis como consecuencia de la deuda privada y el déficit público, el envejecimiento de la población con los costes que conlleva y la falta de competitividad frente al exterior.
ANTONIO MAQUEDA

Cospedal sigue siendo la política mejor pagada de España

mayo 5, 2011

En el año de los grandes ajustes, la dirigente ‘popular’ sólo se ha rebajado el sueldo un 7%, menos de la mitad que el 15% que se ha bajado el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda.

Según establece el artículo 24 bis de la Ley Electoral de Castilla-La Mancha, los candidatos deben presentar la declaración de bienes con las actividades de naturaleza laboral, económica o profesional desempeñadas en los cinco años anteriores y, en ella, deben figurar los cargos públicos desempeñados, aunque no tengan retribución, las actividades de gestión, dirección o asesoramiento, etc. Asimismo, dicha declaración debe incluir la relación de bienes inmuebles, el valor de los saldos medios de los depósitos bancarios, los vehículos y otras propiedades, entre otros.

De la declaración de actividades y bienes de la secretaria general del PP y candidata a la Presidencia de Castilla-La Mancha correspondiente al 28 de abril de 2011, a la que ha tenido acceso CLMPRESS, se desprende que en 2010 cobró 223.918,06 euros brutos procedentes de varios cargos: 41.270,58 euros del Senado; 153.271,44 del Partido Popular; 3.542,58 euros de Trienios de Abogacía del Estado; 25.513,32 de indemnización del Reglamento del Senado (cantidad exenta de tributación) y 320,14 euros de intereses de cuentas.

Además, la declaración recoge la posesión de un piso en Madrid de 265 metros cuadrados, al 50%, y también le corresponde el 33,33% de un local en Albacete de 143 metros cuadrados.

Unos datos de los que se desprende que Cospedal cobra más del doble que el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, que ingresó el año pasado 87.707 euros como presidente y como diputado regional del PSOE, 13.371,26 euros.

En este sentido, Cospedal cobra lo mismo que 23 trabajadores, es decir, 23 veces el salario anual de un empleado con Salario Mínimo Interprofesional; durante estos años ha dedicado un día y medio a Castilla-La Mancha, suele faltar a las votaciones en el Senado y en cuatro años ha intervenido en contadas ocasiones, sólo en siete preguntas orales desde su escaño. Nunca se ha subido a la tribuna del Pleno, ni ha intervenido en una Comisión.

En 2009 María Dolores de Cospedal tuvo unos ingresos de más de 240.000 euros que recibía del Senado, del PP nacional y de trienios de la Abogacía del Estado.

En 2010, año de reajustes, los ingresos de la dirigente ‘popular’ sólo bajaron un 7%, por debajo del 15% que lo han hecho todas las remuneraciones de los Miembros del Gobierno de España, Parlamentarios Nacionales y por debajo del 15% que se redujo el sueldo el presidente de Castilla-La Mancha o los consejeros del Gobierno regional.

En esta declaración llama la atención la caída del saldo medio en sus cuentas bancarias, sin que Cospedal haya consignado en su declaración de bienes la adquisición de ningún nuevo bien o inmueble, ni de ninguna inversión o amortización de ninguna deuda. Su saldo medio a 27 de abril de 2011 es de 50.541,85 euros, frente a los 508.822 que señalaba como saldo medio en sus cuentas a 29 de julio de 2010.

España se queda sin curas

abril 22, 2011

El año pasado sólo se ordenaron 162 sacerdotes en todo el país y en un cuarenta por ciento de las diócesis no hubo ninguna incorporación.
La Iglesia celebra la Semana Santa, una de las citas religiosas más importantes del año, con cifras preocupantes para el futuro de la función sacerdotal en España. La caida en las vocaciones no garantiza el relevo generacional en un colectivo, el de los sacerdotes, cuya edad media ronda los 64 años. Los fallecimientos duplican los nuevos ingresos, sin contar los casos de quienes abandonan el sacerdocio, lo que supone un descenso anual en torno a los 200 curas cada año en España.
El número de seminaristas (1.227 en todo el país) volvió a caer el año pasado en un 3 por ciento, con lo que la cifra de nuevos sacerdotes se ha reducido más de un cuarenta por ciento en la última década.

Por diócesis, las que mejor resisten la crisis de vocaciones son Madrid, con 125 seminaristas, seguida por Toledo (79), Getafe (50) y Valencia (44). Sin embargo, hay 32 diócesis (un 40 por ciento del total) en las que el año pasado no se ordenó ni un sólo sacerdote, entre ellas algunas como Albacete, Avila, Bilbao, Canarias, Girona, Lleida, San Sebastián, Salamanca, Segovia, Valladolid, Vitoria, Tui o Zamora. Además, casi la mitad de quienes ingresaron en el seminario acabaron abandonando antes de completar sus estudios.

Un cura para atender 25 parroquias

La situación tiene consecuencias prácticas en muchas parroquias, sobre todo del ámbito rural, donde los sacerdotes deben multiplicarse para atender a sus feligreses. “Hay algunos que tienen que atender hasta 20 ó 25 pueblos”, explica el rector del Seminario San José de Burgos, Fernando Arce. “Hay mucha necesidad de sacerdotes y esto nos obliga a pensar fórmulas para hacer frente a esta nueva situación”.

Por su parte, el Obispo de Tarrasa y presidente de la comisión episcopal de Seminarios, Angel Luis Sáinz Meneses, asegura que la crisis de vocaciones se debe a varios factores, entre ellos la caída de la natalidad y la secularización creciente que vive la sociedad española. “En una época de consumismo y materialismo, quizá no todos están dispuestos a asumir una vida de compromiso y sacrificio personal”, explica Meneses que también destaca el “cambio en el perfil del seminarista español”. “Ahora ingresan más mayores que antes, entre los 25 y los 30 años, la mayoría con estudios universitarios e incluso experiencia laboral previa”.

Los sectores progresistas y los cristianos de base reclaman autocrítica a la Iglesia en unos mensajes cada vez -dicen- más alejados de la sociedad.