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SOBREEXPLOTACION DE LOS RECURSOS MARINOS

noviembre 9, 2009

Érase una vez unos pescadores que no tenían donde pescar porque, durante décadas, habían expoliado las aguas más próximas hasta despoblarlas. Las empresas pesqueras, empujadas por el hambre insaciable del libre mercado, decidieron faenar en aguas hostiles, en la frontera de un país sin gobierno ni esperanza. Penetraron en el corazón de las tinieblas con la maximización de beneficios por bandera y la bendición de la Unión Europea.

La situación de los 36 tripulantes del Alakrana es cada día más angustiosa, y el desenlace no parece próximo ni sencillo. Los alcaldes de Bermeo, Mundaka y Santurtzi han pedido al Gobierno que “sea práctico” y entregue a los piratas detenidos. Y los partidos políticos, tras criticar al Gobierno durante días por negociar tan mal con los chantajistas, muestran ahora su apoyo incondicional al Ejecutivo. Es lo que en dramaturgia política se llama “escenificación de unidad”.

La principal obligación del Estado de Derecho es garantizar la seguridad de sus ciudadanos, incluso cuando se meten en problemas por correr riesgos indebidos. Lo que no debe hacer el Estado de Derecho es financiar esos riesgos ni apoyarlos en ningún caso. Ésta, sin embargo, es una práctica habitual que tiende a pasar inadvertida a la opinión pública hasta que una primera plana nos explota en la manos.

La polémica de la seguridad a bordo y el secuestro del Alakrana han arrinconado la verdadera pregunta: ¿a quién compensa esta situación? Los atunes no son la base de la economía española, ni de la vasca. Y sin embargo, cada cierto tiempo, decenas de hombres se embarcan en botes ultratecnológicos rumbo a un país con 8 millones de desesperados sólo para alargar la agonía de un sector en fase terminal, un modelo de negocio sin futuro alguno. Por supuesto que hay familias que viven de esa pesca, como las hay que viven de todos los sectores en decadencia, y siempre resulta dramático. Biólogos y ecologistas llevan décadas advirtiendo a voz en grito del peligro medioambiental y económico de sobreexplotar nuestros mares sin que nadie, ni empresarios ni instituciones les hayan tomado en serio.

Salvemos a esos marineros haciendo uso de todas las herramientas de que disponemos. Y, cuando estén por fin en casa, abramos un debate sobre la legitimidad de mandar hombres al abismo por el beneficio económico de unas pocas empresas. Si realmente queremos ayudar a los pescadores, invirtamos las subvenciones en reciclar a quienes no tiene más remedio que jugarse la vida por un puñado de atunes.

MULTINACIONALES ESPAÑOLAS EN LATINOAMERICA

octubre 1, 2009

Tras la imagen impecable que muchas multinacionales españolas despliegan en nuestro país, se esconde una realidad muy distinta cuando operan en países del Sur. Greenpeace presenta el informe Los nuevos conquistadores. Multinacionales españolas en América Latina, donde analiza el comportamiento de las mayores empresas españolas y los impactos sociales y medioambientales de sus actividades.

Greenpeace ha analizado aquellos sectores con mayor potencial de causar daños al medio ambiente o los derechos humanos (como los hidrocarburos, la electricidad, la pesca o el turismo, entre otros) y los ha “cruzado” con la presencia de empresas españolas significativas. Del análisis de estas dos variables salen 43 casos que son recogidos en el informe, aunque el número real puede ser mucho mayor. Este informe ha sido realizado por Greenpeace España, con el apoyo de las oficinas de la organización en México, Brasil, Chile y Argentina, así como de otras organizaciones latinoamericanas, y recoge cómo empresas españolas están involucradas en situaciones de destrucción del medio natural, violaciones de derechos humanos y abusos laborales.

Greenpeace quiere contribuir a poner fin a una de las principales ventajas que tienen estas empresas a la hora de operar: el hecho de que las poblaciones de sus países de origen saben muy poco sobre cuáles sus actividades reales en el exterior y su impacto. Esto les permite “vender” una imagen responsable y sostenible, mientras en realidad sus prácticas son depredadoras y causan graves daños en las poblaciones locales o el medio ambiente. “Queremos contar aquello que no se dice en las juntas de accionistas ni en la publicidad de estas empresas, y que la población española sepa cómo actúan al otro lado del Atlántico”, ha afirmado Mabel González, responsable de la campaña de conflictos y medio ambiente.

España se situó en el año 2008 como el octavo país del mundo en el ranking de Inversión Extranjera Directa (IED), y 11 multinacionales españolas figuran en la lista Fortune Global 500, que clasifica a las mayores del mundo. Su llegada a América Latina se produjo de forma masiva en los años ochenta y sobre todo noventa. Hoy ocupan los primeros puestos, cuando no el primero, en muchos países latinoamericanos, en sectores como los hidrocarburos, la electricidad, el turismo y la pesca, entre otros.

Sus actividades han sido objeto de frecuentes críticas y resistencias locales. El informe Los nuevos conquistadores recoge los principales casos, centrándose en aquellos donde las empresas españolas tienen un protagonismo importante y en sectores donde se causan graves daños al medio ambiente y los derechos humanos. Algunos ejemplos son los siguientes:

– Endesa quiere construir en la Patagonia chilena cinco grandes represas que arrasarán un ecosistema virgen y que han suscitado un gran rechazo local. Recientemente ha pedido más de 14 años de cárcel y multas millonarias para activistas de Greenpeace que desplegaron una pancarta pidiéndole poner fin a este proyecto.

– Endesa, Unión Fenosa e Iberdrola apuestan en América Latina por la generación de energía sucia y basada en fuentes no renovables. Unión Fenosa e Iberdrola encabezan un proyecto para construir cinco centrales eléctricas de carbón en Guatemala.

– Repsol ha causado vertidos y graves daños al medio ambiente en Ecuador, Argentina y Bolivia, ha violado los derechos de comunidades indígenas, y ha sido acusada de fomentar la violencia en Colombia.

– Empresas turísticas españolas están fomentando en varios países, pero especialmente en México, un modelo de turismo depredador que arrasa con bosques de manglares costeros y con zonas vírgenes. Sol Meliá, Riu o NH, entre otras, participan en proyectos controvertidos en el estado de Quintana Roo.
– Pescanova ha practicado la sobre-explotación de recursos pesqueros en Chile, mientras Calvo ha sido acusada de contaminación y de violación de los derechos laborales en El Salvador.

Las multinacionales españolas que operan en América Latina no actúan de forma diferente a las de otros países. Siguen un modelo de obtención de máximos beneficios en el plazo de tiempo más breve posible, y lo hacen en muchas ocasiones vulnerando derechos medioambientales, sociales y laborales, mediante la presión a autoridades locales. Los Gobiernos españoles, de cualquier color político, las apoyan activamente con el argumento de que se trata de una defensa de los intereses españoles en el exterior. Pero estas empresas sólo representan los intereses de sus accionistas, y con sus prácticas han contribuido a empeorar la imagen global de España en América Latina.

Greenpeace considera que, si las grandes empresas españolas quieren ser entidades social y ambientalmente responsables, deben poner fin a las prácticas abusivas en el exterior y ser más coherentes en su discurso de responsabilidad. “Hay que poner fin a modelos de gestión que sólo buscan máximos beneficios a corto plazo, sin tener en cuenta los impactos sociales y medioambientales de su actividad. Tampoco pueden seguir engañando a la opinión pública española sobre sus prácticas en el exterior”, ha señalado Mario Rodríguez, director de Campañas de Greenpeace.

A la vez, el Gobierno español debe exigir a las empresas españolas que operan en otros países que cumplan los principios y estándares internacionales en materia de derechos humanos, medio ambiente y buen gobierno. “La concesión de ayudas o apoyo público para su expansión exterior debe estar ligada a exigencias y parámetros claros de responsabilidad. No se puede fomentar desde el Estado un comportamiento depredador con las poblaciones locales y el medio ambiente”, afirma Mabel González, responsable de la campaña de conflictos y medio ambiente.

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