Archive for the ‘pobres ricos’ Category

ELLAS TAMBIEN SUFREN LA CRISIS

octubre 12, 2009


SIN SALIR DE AQUÍ, PODEIS SEGUIR VIENDO LOS QUE CONTINUAN.

Anuncios

SICAV, INVERSION Y ESPECULACION

octubre 1, 2009

Una SICAV es un pseudo-fondo de inversión, que formalmente es una empresa. Hay algunos requisitos para ser SICAV: un capital mínimo de 2,4 millones, y estar bajo supervisión de la CNMV. También se pide que las SICAV tengan al menos 100 accionistas, pero al final esto se hace con uno que tiene el 99,9% y 99 testaferros que se reparten el 0,1% restante, a razón de un 0,001% cada uno, así que como si no existiera… eso es lo básico.

La ventaja de la SICAV no es, en contra de lo que muchos creen, que permita reducir los impuestos que se pagan, sino que permite diferir su pago. El funcionamiento es el siguiente: el “rico” de turno crea una SICAV con su dinero, de forma que ahora el dinero está a nombre de la SICAV; y la SICAV lo invierte, igual que haría un inversor rico o un fondo de inversión, pero los posibles beneficios obtenidos de la inversión están virtualmente exentos de impuestos (pagan un 1%), mientras el capital permanezca en la SICAV, y sólo se tributa cuando la SICAV devuelve el capital al “rico” de turno, y entonces se paga lo mismo que cualquier otro inversor: un 18% ahora, un 20% próximamente, y luego… ¿quien sabe?

¿Lo dicho hasta ahora os suena a abuso de los poderosos? Pues nada, vamos a comparar la fiscalidad de las SICAV de ricos con la fiscalidad de los fondos de inversión de pringaos:

Yo tengo 1000 euros y compro un fondo de renta fija corporativa, y en un año le he sacado 250 euros; lo paso a uno de bolsa, y palmo 110 euros en un año; y entonces lo meto en un FIAMM y en un año saco 10 euros… y vendo, 3 años después, con un beneficio total de 150 euros, por los que pago un 20% de impuestos: 30 euros.

Amancio Ortega tiene 1000 millones y los mete en su SICAV, compra un fondo de renta fija corporativa, y en un año le ha sacado 250 millones, de los que tributa un 1%: 2,5 millones; lo pasa a bolsa en su SICAV, y palma 110 millones en un año, con los que podrá compensar futuras plusvalías; y entonces lo mete en liquidez y en un año saca 10 millones, que no tributan por minusvalías anteriores… y entonces, Amancio Ortega vende su SICAV, 3 años después, con un beneficio total de 150 millones, por los que paga un 20% de impuestos: 30 millones.

Es decir, sobre una operativa similar, los fondos han pagado 30 de impuestos y las SICAV han pagado 32,5; los fondos de inversión disponen en realidad de una fiscalidad mejor que las SICAV (algo inconcebible para mí, porque parece que quisieran incentivar a la gente a invertir en fondos, cuando su historial demuestra que no son buena inversión).

Claro que es peor la fiscalidad del que cuando quiere cambiar de renta fija a acciones o a liquidez lo hace directamente, sin intermediarios, porque ese tiene que pasar por la caja de hacienda todos los años, mientras que las SICAV (y también los fondos) mantienen las plusvalías latentes en cartera durante muchos años, haciendo que ese dinero genere a su vez plusvalías. Para quienes no conozcan el poder del interés compuesto, puede parecer poco relevante el pagar antes o después… así que os pego la magnífica explicación de rafelete, con los números exactos:
Yo tengo 1 euro y hago una inversión conservadora en renta fija durante 3 años, consigo sacar limpio el 5,5%. Pago un 18% de impuestos y después de 30 años tengo 3,76 euros. Si esto mismo lo hace un gran patrimonio con una SICAV después de 30 años tiene 4,91 euros, que una vez se ‘saque’ de la SICAV se transforman al tributar al 18% en 4,20 euros. [..] Como el truco está en el interés compuesto si inviertes en activos más arriesgados el efecto es mayor. Por ejemplo con una cartera de renta variable suponiendo un rendimiento limpio del 9,5% yo sacaría 9,95 euros y en cambio la SICAV 12,34 euros.

Así que dejémonos de demagogias sobre las SICAV y su tributación; más que nada porque, siendo pragmáticos, las SICAV no se pueden tocar, porque al día siguiente están domiciliadas en Luxemburgo. Haría falta una acción coordinada de todos los países importantes para endurecer todos a la vez las normas, y a la vez para obstaculizar lo suficiente la salida del dinero a países no participantes de dicha acción coordinada, para poder hacer algo… y hay demasiados intereses en que esto no ocurra, porque los dueños de las SICAV son probablemente el colectivo más poderoso del mundo.

s2

ES LA LUCHA DE CLASES , ESTUPIDOS

septiembre 7, 2009

¡Es la lucha de clases, estúpidos!

Si Bill Clinton, durante sus campañas electorales, aplicó la consigna “¡es la economía, estúpidos!”, hoy, la mayoría de los ciudadanos españoles deberían escribir en la cabecera de su cama “¡es la lucha de clases, estúpidos!”
Y digo la mayoría dado que, al menos, el 60% de los españoles percibe remuneraciones por debajo de los mil euros al mes para que los multimillonarios sean cada día más ricos y paguen menos impuestos.

Pero, desgraciadamente, la derecha neocon invierte miles de millones para manipular a la ciudadanía anulando su pensamiento crítico o, simplemente, su pensamiento.

Así, una de las más sangrantes tomaduras de pelo consiste en hacer creer que “todos defendemos idénticos intereses” ya que “hoy en día no puede hablarse de ricos o pobres” pues “la lucha de clases es algo del pasado”, etc.

Según esto, el presidente de la patronal y el pinche del bar, el banquero y la señora de la limpieza, el constructor especulador y el chofer del bus… todos viven en una arcadia donde desaparecieron los intereses contrapuestos y quien alegue lo contrario es un frustrado, un mediocre, un envidioso y, por supuesto, “un progresista trasnochado que ladra su rencor por las esquinas”.
Tras repetirlo miles de veces, el engaño suele funcionar y muchos ciudadanos acaban creyendo que la lucha de clases (o sea, los intereses contrapuestos) es algo “obsoleto” y propio de fracasados “incapaces de forjar su propio destino en una sociedad libre”.

Entonces, curiosamente, la gran patronal comienza a reclamar que los empleados trabajen más horas y por un sueldos más bajos. También exigen rebajas fiscales “para que no se incremente el gasto público”. Incremento que, milagrosamente, no se produciría cuando las ayudas se dirigieran a ellos.

Y, doloroso es reconocerlo, con su estafadora utilización del lenguaje, los neocon nos han tomado varios cuerpos de ventaja. Aquello que los beneficia—aunque perjudique a los trabajadores—se asocia con palabras agradables: bajar los sueldos no es bajar los sueldos, sino “moderación” salarial. Por el contrario, las retribuciones obscenas de los directivos son “incentivos a la producción”. En la misma línea, los derechos consolidados de los trabajadores se motejan de “rigideces” mientras que la ausencia de derechos se etiqueta de “flexibilidad”, “modernización” o “dinamización del mercado”. Los impuestos, lejos de constituir un mecanismo de redistribución y justicia social, se transforman en “presión” fiscal…

Los ejemplos serían numerosos y, por desgracia, resultan muy efectivos en el plan de eclipsar una realidad flagrante: la lucha de clases (los intereses contrapuestos entre sectores sociales) como algo existente, actual y tangible. Los necon han sabido endulzar sus aviesas mentiras, nosotros no hemos sido capaces, por el momento, de transmitir esta palpitante evidencia.

Por ello, en España ha fraguado el cruel engrudo del ideario neocon. Aunque, en cierta medida, es lógico. Somos un país con mente de hidalgo que pasea su “dignidad”… y sus tripas vacías. La mayoría, pomposamente, se autocalifica de “clase media” cuando esto es un engaño maquinado desde arriba… ¡la mayoría de los españoles son o-bre-ros, tra-ba-ja-do-res! Guste o no guste. Pero así es.

Y mientras esa mayoría no reconozca su realidad (“tomar conciencia de clase”, se decía antes) y comience a actuar en consecuencia, el fruto de su trabajo engordará cada día más las arcas de los millonarios. Dicho de otro modo, las dificultades para llegar a fin de mes, afrontar los gastos escolares, de vivienda, de transporte, etc, son la consecuencia de los regales fiscales a los ricos (perdón, me habían dicho que ya no existen), supresión de impuestos, fraude fiscal, “flexibilidad” laboral…
En conclusión, ¡es la lucha de clase, estúpidos!, y mientras se camine con ínfulas de noble arruinado o “clase media” a la mayoría le seguirán robando la cartera mientras le palmean la espalda. Las carcajadas de los sectores sociales altos ya no se escucharán. Se disimulan. De momento.

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
www.gustavovidalmanzanares.blogspot.com