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Carta a una cajera de Mercadona

agosto 15, 2012

Estimada trabajadora de la cadena de supermercados Mercadona. Todos hemos podido ver el vídeo en el que, al encontrarte con que numerosos de los jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores intentaban expropiar diversos alimentos básicos de tu supermercado para donarlos a un banco de alimentos, intentaste evitarlo y recibiste el empujón de uno de ellos. Como resultado te sentiste humillada y te quedaste llorando en un rincón. Muchos políticos, analistas y medios de comunicación han salido en tu defensa y se han convertido, sorpresivamente y por primera vez, en defensores los trabajadores, mejor dicho de una trabajadora como tú. Ahora, varios días después, probablemente sigas indignada con los que te empujaron y te sientas arropada y agradecida con estos defensores. En primer lugar quiero decirte que es comprensible tu reacción instintiva de oposición a quienes intentaban llevarse la comida en el centro donde trabajas, por eso es necesario recurrir a la razón para no limitarnos al instinto. Para empezar hemos de precisar que tu trabajo consiste en cobrar los productos a los clientes, no custodiarlos ni impedir su sustracción ni apropiación sin pago. Cuando intentaste evitarlo no estabas cumpliendo con tu trabajo, tomaste posición en un conflicto que no era el tuyo, porque la discusión por la propiedad de unos litros de aceite, otros de leche y alguna lata, entre el dueño de la cadena de supermercados y unos activistas que querían repartirlo entre familias sin recursos para comer, era un asunto ajeno a las condiciones laborales de tu contrato. Estimada trabajadora, no sé si has oído hablar de las clases sociales o de la lucha de clases. Básicamente consiste en reconocer que en una sociedad hay ricos y pobres, y que se encuentran en conflicto porque a más riqueza para los ricos, más pobreza para los pobres. Algo mucho más indignante si son estos pobres los que, con su trabajo, logran que los ricos amasen su fortuna. Con tu gesto del otro día tu tomaste una posición en esa lucha, en ese conflicto. Cuando tuviste que decidir entre los pobres que deben recurrir a la caridad del banco de alimentos donde irían destinados los productos sustraídos del supermercado donde trabajas y el patrimonio de la familia Roig, propietaria de la cadena, con un beneficio en el año 2011 de a 474 millones de euros, tú, libremente, te pusiste al lado de los segundos. No te quiero culpar por ello, insisto en que pudo ser una reacción instintiva que te hizo olvidar que esos productos que pasan durante cuarenta horas por tus manos no son tuyos, son de una familia millonaria, tu solo trabajas cobrando a los clientes. Te equivocaste a la hora de defender los intereses de una clase social, defendiste los del rico a pesar de que tú eres una trabajadora y tus intereses son opuestos a los de él: para que él sea rico tu debes cobrar menos, si tu cobrases más el sería menos rico. Tus intereses, aunque algunos insistan en lo contrario, no son los mismos que los del dueño de Mercadona. No eres la única que confunde los intereses de su clase con los de los ricos, basta observar cuántos trabajadores han votado al Partido Popular para que apruebe una amnistía fiscal a los ricos que defraudan a Hacienda o destine dinero público a bancos dirigidos por directivos que ganan cientos de miles de euros y, al mismo tiempo les obligue a esos trabajadores a que paguen más IVA por el material escolar de sus hijos o los despida como empleados públicos si son interinos. En cuanto a los que te han defendido y te han presentado como víctima de unos ladrones de supermercado que no respetan la ley, quiero que sepas que solo lo han hecho para utilizarte contra los de tu propia clase social, nunca esos políticos y periodistas de Intereconomía o de la COPE se hubieran preocupado por ti si te hubieras quedado sin trabajo, nunca se han interesado porque una cajera cobre un sueldo digno. Es más, a esos que les molestó tanto el empujón que sufriste, nunca dijeron nada cuando a los trabajadores que pedían que no les despidieran con la nueva reforma laboral, que sus hijos tuvieran calefacción en el colegio o que las medicinas siguieran siendo gratuitas para nuestros pensionistas los policías les abrían la cabeza con una porra. Querida trabajadora, el otro día lloraste desconsolada después del empujón, sin duda te sentiste sola. Te sentiste sola porque estuviste defendiendo las propiedades de un millonario que gana 474 millones al año, y mientras tanto ese millonario bien podría estar disfrutando de sus vacaciones de agosto en un lujoso hotel o en un yate mientras tu defendías su dinero. En cambio, los sindicalistas que tomaban la comida de tu supermercado nunca están solos porque saben cuál es su clase social, saben de qué lado están, se ayudan, y por eso fueron a por comida a tu supermercado que, por cierto, no es tuyo. En tu mano está no volverte a sentir sola, no volver a llorar por nada parecido. Esas personas que te empujaron cuando te pusiste del lado del empresario son las mismas que volverán a por comida para ti si mañana eres tú la que no tienes para comer. Serán ellos los que te ayuden y no los periodistas de Intereconomía. Solo necesitas reconocer a los tuyos, son todas esas personas que luchan para que nadie pase hambre mientras otros se hacen millonarios. Si los vuelves a ver en el supermercado donde trabajas, recuerda que no son tus enemigos, que la comida del supermercado no es tuya, que quizás mañana tú no tengas trabajo y la necesites, que ellos las estarán cogiendo para ti y que el dueño de Mercadona gana 474 millones al año. Un artículo del periodista Pascual Serrano.

La fuerza de la razón debe oírse en la calle

febrero 18, 2012
nuevatribuna.es | Bruno Estrada y Eduardo Gutiérrez
Frente a los que piensan que no se puede hacer nada contra la brutal agresión a los trabajadores que supone la reforma laboral propuesta por el gobierno del PP, estamos convencidos de que existen márgenes para corregir sus efectos más agresivos, y para evitar otras posibles medidas que pudieran llegar.

Pero para ello las movilizaciones, empezando por las convocadas por CC.OO. y UGT para el día 19 de Febrero, deben llenar de indignación las calles de España.

Los márgenes de la acción política y social se definen por la capacidad de presión de los propios actores. No todo está escrito. Los trabajadores podemos tener la fuerza de la razón: la reforma laboral significa la devaluación de las condiciones de trabajo de millones de personas, el empobrecimiento presente y futuro de gran parte de la sociedad española. Pero no es suficiente con tener la fuerza de la razón, hay que tener la razón de la fuerza, y el único medio en una democracia es una fuerte movilización social que ponga en evidencia que el gobierno de España no esta defendiendo los intereses nacionales, sino los intereses de los banqueros alemanes y del segmento más ineficiente y rancio del empresariado español. De ese empresariado que no compraría sus propios productos, que no innova, que no reconoce la valía de sus trabajadores, que basa sus márgenes de beneficio en la mera explotación de sus trabajadores, despreciando su cualificación, precarizando el empleo, rebajando salarios.
Siempre se está a tiempo de invertir la correlación de fuerzas. Pero para ello debemos luchar contra nuestra propia cobardía, contra la indiferencia cómplice, contra la sensación de inevitabilidad que quieren vendernos. Somos nosotros y sólo nosotros, los trabajadores, quienes podemos poner límites a estas políticas mediante una masiva respuesta en la calle que sea la expresión democrática de un rechazo social mayoritario.
Frente a la agresión del PP contra millones de trabajadores, al poner el estado al servicio de los ricos, de quienes nos han llevado a la grave situación económica en la que estamos, de quienes quieren imponer la chinización de nuestro país, es posible la indignación, pero sobre todo es necesaria la reacción, pacifica, pero contundente en su magnitud. Ellos nos estarán contando detrás de los visillos de sus casas. El próximo domingo 19 está no solo está en juego la aplicación de esta reforma en sus aspectos más regresivos. También nos jugamos evitar futuras actuaciones de la derecha más arcaica y depredadora.